12 de diciembre de 2009

Recuperemos la calle

(Publicado en La Opinión de Torrent)
Hace unas semanas celebrábamos el aniversario de la Carta Pobla de Torrent. Ya son casi ocho siglos de historia y desde entonces la ciudad ha ido creciendo, no siempre de forma ordenada, hasta dar paso a lo que, para bien y para mal, hoy conocemos como Torrent. Para bien y para mal porque si nos fijamos en el último medio siglo, podemos observar verdaderas tropelías, como la construcción de algunos edificios en el entorno de la Torre a la cual casi superan en altura, o la urbanización de barrios enteros en el ensanche sin contar con espacios públicos, plazas de aparcamiento o instalaciones educativas, culturales y deportivas. No se trata aquí de echar la culpa a nadie, pero la redacción de los últimos planes generales ha dejado mucho que desear, por más que algunos enarbolen ahora la bandera del urbanismo sostenible –ése que ganaba premios en los últimos años, pero que hasta hace poco era digno de ser quemado en la plaza pública – y aquellas lluvias traen estos lodos.
Sin embargo siempre estamos a tiempo de cambiar algunas cosas. Por ejemplo, alguien en los sesenta, con el desarrollo económico y el auge del 600, no pensó que en unos pocos años, cada familia tendría un coche, cuando no dos o tres. Así que nadie prestó atención a que esos coches, cuyo tamaño hoy multiplica por dos o por tres el de aquellos trastos, necesitarían espacio para circular y ser guardados. Llegó la democracia y tampoco fue éste un tema capital. De este modo los coches fueron ocupando la calle y cualquier espacio digno de ser considerado como aparcamiento, hasta encontrarnos con lo que tenemos hoy. Digámoslo claramente: hay calles y barrios enteros que tiran hacia atrás de feos que son y fundamentalmente esa fealdad la provocan los coches aparcados o circulando en masa. ¿Acaso a usted le gusta ver la Plaza San Pascual convertida en un párking? A mí, desde luego, no.
Decíamos que siempre estamos a tiempo de cambiar estas cosas. Ahora que las calles Sagra y San Cristóbal han sido remodeladas gracias al nunca bien ponderado plan E, surge el debate acerca de si merece la pena mantenerlas peatonales o devolvérselas al rugido de los motores. Alguien me sugería que son dos calles que necesitan estar abiertas al tránsito, porque conectan el casco histórico con el centro de la ciudad y es cierto. Pero no es menos cierto que hemos estado evitándolas durante seis meses y nuestra vida no se ha venido abajo. Otro recuerda que en esas calles es necesario que entren coches a los garajes de los vecinos y furgonetas de reparto. Sin embargo, existen fórmulas que permiten el uso peatonal con los aparcamientos y la carga y descarga. Por último, hay quien afirma que los coches dan vida a los comercios y yo ahí discrepo: una calle por la que no puedes pasear debido a que has de ir sorteando los coches es una calle de la que yo, al menos, huyo para comprar.
Ignoro si el debate se produce más allá de una charla al calor de un café en la plaza (¿se han dado cuenta cómo se ha dinamizado la hostelería en la plaza en los últimos años?), pero me parece de una gran trascendencia. Yo, incluso, iría más allá. Haría peatonal cualquier calle cuya acera no supere el metro y medio de ancho. La calle, para los ciudadanos. El coche, aparcado está mejor. Para eso pedimos carriles bici, metros y autobuses. ¿O es que queremos que sigan pasando vacíos?

1 comentario:

El papá dijo...

Total, total,totalmente de acuerdo.
No nos podríamos perdonar el desaprovechar la oportunidad que tenemos de peatonalizar estas calles. De hecho, en el centro histórico se debería acometer una peatonalización masiva como se ha hecho en otras ciudades como Oviedo, Mallorca, etc. Y que sólo ha servido para mejorar su calidad.
La calle es de la gente como la carretera es de los coches.