10 de julio de 2009

Fiestas de interés


(Publicado en el último número de La Opinión)
No es que sea algo como para echar cohetes y cerrar la Avenida para celebrarlo subiéndose a la fuente de las ranas, pero que la Semana Santa de Torrent haya sido declarada Fiesta de Interés Turístico Autonómico debe ser una noticia que nos congratule a todos. Ya lo decíamos hace algunos meses, cuando hablábamos de la reciente creación de la Delegación de Turismo en nuestro Ayuntamiento: Tenemos una serie de perlitas en nuestra población que, si bien no pueden competir con otras de mayor solera, son dignas de cuidarse y mimarse para darlas a conocer. Una de ellas es nuestra Semana Santa y su singular Encuentro Glorioso.
De modo que la alegría debe ser compartida porque el esfuerzo ha sido de todos. De los partidos políticos que en su día apostaron por impulsar esta iniciativa y de la Junta Central de Hermandades por su tesón y trabajo diario y callado. Y ahí me quiero detener un momento, porque en una ciudad como la nuestra, en nuestro pueblo, tan dado al chascarrillo y al chismoseo, tan proclive a la sorna y al sarcasmo, el trabajo de la Junta de Hermandades es en muchas ocasiones un tanto desagradecido. Vaya por delante que uno siempre valora la diversidad de las opiniones de cada una de las personas que conforman esta fiesta, pero esa diversidad en muchas ocasiones se torna en piedras en el camino y varas en las ruedas de quien está llamado a coordinar todo esa labor. El ejemplo más ilustrativo lo tuvimos el pasado Viernes Santo cuando se tuvo que suspender el Entierro ante la amenaza de lluvias que finalmente no hicieron acto de presencia. En este mismo periódico, en su edición digital, llovían –esta vez sí– las más feroces críticas acerca de que hubiera supuesto la primera vez desde la Guerra que el Entierro no hubiera salido, mientras en la mente de todos estaban las imágenes de hace un par de años cuando literalmente hubo que llevar en volandas algunas carrozas para hacerlas llegar hasta la Casa-museo ante la copiosa lluvia que arreciaba. Entonces recuerdo que se criticó que saliera la procesión cuando nadie sabía si llovería de antemano, así que la decisión que se tomase estaba predestinada a servir de enfrentamiento de cualquier forma. Así funcionamos muchas veces, aunque nos pese.
Ahora falta que demos algunos pasos más en otros lados. Por ejemplo, en la Junta Central de Hermandades no hay ningún cargo político que dependa del Ayuntamiento. Yo no sé si esto es bueno o malo, si reporta beneficios o causa perjuicios, si permite que la Junta trabaje con más independencia o que se quede sola en muchos casos o si supone un agravio o un desagravio con respecto a las otras grandes fiestas de Torrent, puesto que la Junta Local Fallera tiene como presidente al alcalde que suele delegar en el concejal y, si bien la Federación de Moros y Cristianos no depende del ayuntamiento, las fiestas de moros y cristianos están inmersas en las “patronales” que sí dependen de él. Insisto en que no sé si esto es bueno o es malo, pero hoy por hoy, son las únicas declaradas de interés turístico. Tomemos nota, pues; corremos el riesgo de querer tenerlo todo medido y controlado y eso puede suponer que se pierda autonomía y participación. Y creo que si se trata de algo es de permitir que las fiestas se fortalezcan y puedan desarrollarse con mayor esplendor año a año.
Y las fiestas patronales a la vuelta de la esquina, pero de éstas hablaremos en el próximo número.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

totalmente de acuerdo. Un aplauso a Jose Vicente Yago por su trabajo.
Tenemos que reivindicar más nuestras fiestas.

Jesús dijo...

En primr lugar, recordar que la Semana Santa es una Fiesta Religiosa, con lo que no debiéra mezclarse con cargos políticos. Otra cosa es, que, en las procesiones, acudan cargos políticos en representación de los ciudadanos. Y, sobre la tan querida tradición del encuentro y, más comcretamente, sobre la Reina del encuentro. Me parece fuera de lugar y, el Arzobispado debería prohibir el acceso a la Iglesia a tal persona con ese traje. Es indecente, en algo que se supone es una representación de la Biblia, que acuda una señorita vestida con miles miles de euros. Es inaceptable que se permita tal exceso.