28 de marzo de 2009

Resaca fallera

(publicado en el último número de La Opinión)
Mientras aún humean las cenizas de las fallas, algunos ya proyectan el próximo ejercicio y otros bendicen que la madrugada del 20 de marzo trajera un poco de paz y sosiego a sus vidas. Y es que las fallas son una fiesta que no deja indiferente a nadie. Porque pocas son las personas que pasan de puntillas por las fallas: desde aquel que mandó a sus hijas gemelas a tomar la Primera Comunión vestidas de valencianas e invitó después a paella, “taronges, cacau i tramusos” a todos sus amigos en el casal de su falla (anécdota real como la vida misma) a aquel que ha capitaneado una histriónica campaña en contra de las fallas y los falleros con lemas de dudoso gusto que aquí no vamos a reproducir (pero que podían leerse en camisetas por Valencia las vísperas de San José y encontrarse en páginas de internet). Todos, en mayor o menor medida, participamos de esta fiesta, que supo hace treinta años abrirse a las personas que venían de otras regiones y que se plantea ahora nuevos retos con los nuevos torrentinos de allende los mares.
Pero aún hay muchas cuestiones que están en el tintero. Una es la próxima normativa acerca de casales y locales de agrupaciones festivas que está en marcha. Algunas comisiones ya han sufrido en sus carnes esta problemática y han constatado que nunca es bueno judicializar la fiesta o se vieron obligadas a costosísimas obras de reforma. Así que toca ponerse las pilas y eso pasa también por tener muy en cuenta a los vecinos. Porque muchas comisiones que nacieron en barrios han ido viendo cómo la mayoría de sus miembros ya no viven allí, y los vecinos pueden acabar viéndolos como algo ajeno y extraño a sus calles o plazas, que los invaden con sus coches y la música de sus carpas. Es en estos casos cuando conviene extremar la prudencia y utilizar la inteligencia: Sólo si las fallas y los vecinos son capaces de llegar a acuerdos, la fiesta seguirá siendo posible. Un ejemplo de cómo no se deben hacer las cosas fue lo ocurrido los últimos años en Valencia con la iluminación de la Calle Sueca, en la que no se consultó a los vecinos –al menos eso decían ellos- sobre la instalación de los andamios o la colocación de los depósitos de gasóleo y generadores y la polémica acabó en denuncias y juicios. La solución siempre pasará por consensuar y ceder todos un poco.
Otra cuestión que comienza a ser palpable es que la fiesta en Torrent ha crecido muchísimo. Nuevas comisiones y nuevas iniciativas que pronto han calado en la población. Una de las que más me congratulo es la Ofrenda, que goza ahora de mayor dignidad con la imagen de la Virgen recubierta de flores en la plaza de la Iglesia. Otra es la celebración de “les mascletaes” que puede empezar a convertirse en un quebradero de cabeza para muchos, especialmente para los vecinos de la plaza Obispo Benlloch, porque es innegable que atrae un sinfín de espectadores, pero que también el recinto no es el más adecuado para unas cantidades de pólvora como las que se tiraron con gran estrépito el día de San José. ¿Buscar una nueva ubicación? Parece lo más lógico, pero, ¿dónde? Especialmente si lo que queremos evitar es no trasladar el problema.
Con todo lo mejor de que se hayan terminado fallas, es que ya se han acabado los petarditos… Feliz primavera.

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