30 de marzo de 2009

Anarquistas de ida y vuelta

Tan pronto como comprendí que el metro era una medida de platino e iridio que se custodiaba en la Oficina Internacional de Pesos y Medidas de Paris a temperatura constante, supe que estaba llamada a destruirlo. Mi militancia anarquista me obligaba a acabar con la corrupción inmobiliaria y la especulación urbanística, así que me marché a Francia con una beca erasmus que tuve que completar con un crédito universitario. Una vez allí contacté con algunos alumnos antisistema que me proporcionaron, previo pago, deficientes nociones de construcción de artefactos caseros que hiceran las veces de bombas pero que no pasaron de pequeños artilugios más propios del arte naïf pirotécnico que de un activista ácrata. De esta manera pasaron las semanas sin ningún resultado por mi parte así que comenzaron a crecer mis deudas con el banco y el casero. Tuve que buscarme la vida tocando el banjo en las calles de París y estudiando por la noche con algunos ingenieros de minas que me enseñaron todo lo necesario para construir la bomba que pudiera acabar con el cáncer de esta sociedad.
El problema es que me he enamorado del ingeniero de minas y me ha propuesto que me case con él, liquidar mis deudas con el banco y el casero, compremos una casa e hipotequemos un niño o criemos un préstamo vivienda, que esto último aún no lo he acabado de entender, porque de bombas, sé un rato, pero de francés, rian de rian.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Cuando no tengas nada que decir, no hace falta que escribas.
Gracias

www.elcarrermajor.com dijo...

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