26 de abril de 2008

Al hilo del “pacte cívic”

(Publicado en el diario La Opinión de Torrent)

Mientras los partidos de nuestra localidad se lanzan los trastos a la cabeza acerca de la implantación del “Pacte Cívic” –un acuerdo de los partidos, asociaciones y vecinos para lograr un Torrent más habitable e impulsar los valores cívicos- me parece interesante lanzar algunas observaciones acerca de nuestro “Torrent, ciutat cívica”:

· Existe en nuestras calles una cierta sensación de impunidad ante algunas actitudes, como la de muchos jóvenes que pasean con sus motos a escape libre o sus vehículos dotados con impresionantes equipos de sonido. La solución de liarse a tiros con estos chavales no parece tampoco muy afortunada. Del mismo modo, no podemos estar todo el día colgados del teléfono para avisar a la policía de que nos están molestando. El descanso de nuestros vecinos no puede depender del estado de ánimo de algunos alocados muchachos ni de la impaciencia de sus sufridos vecinos, sino del civismo de todos.

· Zapatero ha nombrado más ministras que ministros. Esta singular idea ha gozado de tantos partidarios como detractores. Es muy curioso que después de aplaudir la iniciativa muchos de los que lo hacen utilicen después los argumentos de “demasiado joven” o “¿qué méritos ha hecho?” para criticar que la alcaldesa ostente la vara de mando o haya alcanzado un escaño en las Cortes. Semejante acto de hipocresía los tenemos a decenas en nuestro pueblo. Que se hagan mirar cómo va su cinismo, perdón, su civismo.

· Plantea el “pacte cívic”, que suscribieron la totalidad de grupos políticos, la creación de la figura del “Defensor del ciudadano”. Este propósito, en principio loable, nunca debería servir para establecer un parapeto entre los concejales y el pueblo. Cada uno de los veinticinco concejales han sido elegidos para ser los defensores de todos nuestros vecinos, independientemente de a quién hayan votado. No vayamos ahora a quitarles a los torrentinos la oportunidad de tener un acceso directo a quien es capaz de solucionar los problemas que padecen en su día a día. No convirtamos el civismo en eludir responsabilidades.

· Si el civismo se puede definir (según la XXIIª edición del Diccionario de la RAE) por “comportamiento respetuoso por las normas de convivencia pública” , ¿ a santo de qué se obliga a retirar un crucifijo de un local parroquial en el transcurso de las últimas elecciones?. La Ley obliga a hacerlo con la propaganda electoral, y hasta el momento, INRI no son las siglas de ningún partido, por mucho que a más de uno (dentro y fuera de la Iglesia, no se vayan a pensar) le gustara. Si a estas alturas un crucifijo ofende a alguien, que se haga mirar cómo va su cinismo. Vaya, ya me he vuelto a equivocar, su civismo.

· Muchos de nuestros mayores se quejan de que en los parques y plazas los niños juegan al fútbol a pesar de la prohibición. Necesitamos con urgencia zonas donde practicar deporte y los niños puedan explayarse. Si usted se acerca a Picanya, las pistas que hay a la entrada son un buen modelo. El civismo también incluye el fomento de actividades saludables.

Torrent es una ciudad cívica, pero la pregunta es, ¿lo somos nosotros también?.

22 de abril de 2008

El invento del maligno

No suelo hacer copia y pega, pero cada artículo de Jose Javier Esparza (tiene una columna en los diarios de Vocento) merece mi lectura y en esta ocasión, la cita:



Será con toda seguridad una de las emisiones más vistas del año: la final de la copa del Rey de fútbol entre el Getafe y el Valencia marcó una extraordinaria cuota de pantalla del 41%, que equivale a casi 8 millones de espectadores. Como es sabido, el Valencia ganó 3-1 y conquistó el trofeo. Ello fue a pesar de las ostensibles preferencias del equipo que comentaba el partido de Telecinco, compuesto por J. J. Santos, Benito Floro y Vicente del Bosque. Rara vez se ha visto a unos comentaristas más parciales o, si se prefiere, menos neutrales que los de la cadena de Fuencarral. Hoy era la comidilla de todos los foros: si por J.J. y compañía fuera, el Valencia habría jugado con las manos atadas a la espalda, una venda en los ojos y herraduras en las botas. Porque, hombre, es verdad que la machada del Getafe con el Bayern nos predispuso a todos a la mayor de las simpatías hacia los madrileños, pero el Valencia también tiene su corazoncito, ¿no?

La ‘getafina’ empezó con unas declaraciones del Rey, inoportunas donde las haya, y los chicos de Telecinco, quizá por lo monárquicos que son, siguieron a pies juntillas la consigna: el Getafe tiene que ganar. Cuando después de diez minutos ganaba el Valencia 2-0, Santos y compañía sólo tenían palabras de elogio para el equipo que iba perdiendo, no para el que iba ganando. Cada falta que el Valencia hacía era magnificada por el locutor hasta el límite del homicidio, e inversamente, las innumerables faltas del Getafe, bastante más duras, eran silenciadas como si no hubieran existido. Cuando el Valencia hizo un penalti, a Santos le faltaron aumentativos para subrayar, no menos de diez veces, lo “durísima” que había sido la entrada; el delirio llegó al extremo de que Santos proclamó héroe del partido al pelirrojo juez de línea que señaló la pena máxima. Inversamente, cuando a Villa le hicieron un penalti que el árbitro dejó sin pitar, Santos se apresuró a negar su existencia hasta que uno de sus “asesores”, con voz cohibida, osó calificarlo como tal. Pero lo más gordo llegó al final, ya con el 3-1 en el marcador, cuando una bestia llamada Celestini se lanzó contra Silva, cuyas piernas habían sido pateadas sin piedad por el Getafe en pleno desde el minuto uno. En tal trance, que costó la expulsión al agresor, la reacción de Santos fue antológica: “claro, Silva ha hecho ahí dos regates…”, decía Santos, como si la víctima hubiera ido provocando; “con tarjeta amarilla igual habría estado bien”, añadía el locutor, exculpando al getafeño de pierna ligera. En ese momento a ningún espectador le habría extrañado ver a J.J. descender al césped y abalanzarse contra Silva para terminar el trabajo que Celestini empezó. Que no se extrañe J.J. Santos si en Valencia, el próximo marzo, le ponen una falla.


Catarsis

Al Valencia le pasa como a los malos estudiantes, que siempre se están reinventando. Vienen las malas notas (los malos resultados) y a continuación de la soporífera bronca de papá llegan las promesas: " ¡a partir de ahora voy a estudiar!", "te prometo que no volverá a pasar" y tal. Lo que ocurre es que el siguiente trimestre adolecía de los mismos errores corregidos y aumentados.
Ahora, en la enésima reestructuración del club le vemos las orejas al lobo y podemos repetir curso, cuando siempre hemos sido de notable (la frase más utilizada por las madres para excusar a sus hijos).
A ver si Voro nos saca del pozo. Con Albelda, claro.

21 de abril de 2008

Impunidad

He andado todo el fin de semana pensando en qué está ocurriendo en nuestras calles cuando un vecino le ha disparado a dos jóvenes porque le molestaban con sus motos. No vamos a entrar a juzgar la actuación de cada uno de ellos, porque la información que nos da la prensa es escueta, aunque es claro que liarse a tiros parece algo desproporcionado ante los caballitos de un ciclomotor.
Y digo que qué está pasando en nuestras calles, dejando ahora de lado el lamentable suceso de la semana pasada, porque quién de nosotros no se ha visto totalmente impotente ante la impunidad de algunas cosas que ocurrían bajo de nuestras ventanas. Fíjense en estos ejemplos si no: Tengo un amigo que vive en una plaza muy concurrida de nuestra ciudad. La plaza es tan grande que da para que los chavales jueguen al fútbol ( a pesar de la estéril prohibición que plasma una señal), las madres paseen con sus retoños en el parque que hay instalado, los mayores ejerciten sus articulaciones con esos modernos aparatos de gimnasia y... un nutrido grupo de jóvenes practique la capacidad aeróbica de sus pulmones y la velocidad a la que se degeneran sus neuronas con las indudables virtudes del THC presente en los cigarrillos que alegremente lían, pasan, chupan y apuran. Nada nuevo bajo el sol, por otra parte. Sólo que cuando mi amigo intenta acceder al patio de su casa okupado por estos fumetas, prácticamente tiene que solicitar por escrito y duplicado una instancia para que le dejen libre el ínfimo espacio necesario para poder cruzar el umbral de su puerta sin ser objetivo de algún esputo. En alguna ocasión ha venido bien entrada la noche algún coche de alta gama, sin duda adquirido con los ímprobos esfuerzos de su dueño que se habrá deslomado trabajando de forma totalmente legal, y conecta su estupendo equipo estéreo surround mientras reparte jovialmente su carga de rulas y similares ante el jaleo de su entregada y enfervorecida clientela. Como quiera que les debe gustar más que a ellos mismos una tiza el estruendo que viene a continuación ha obligado a que mi amigo haya hecho uso del teléfono para avisar a la policía- tanto local como nacional-. La policía siempre viene y no vayan a pensar que los chavales se han hecho sus necesidades encima, como dirían los castizos, sino que más bien ha sido un premio el hecho de abrirse los bolsillos, enseñar sus carteras e identificarse entre burlas, chistes y risas. Los agentes, haciendo de tripas corazón y mordiéndose la lengua para no tener que darle un guantazo a estos críos, les obligan a parar la radio y alguna vez se incautan de algo, pues los muchachos saben dónde esconderlo bien para que no se lo pillen. Al marcharse la patrulla, la mejor de las veces la música vuelve al nivel donde estaba antes, cuando no más para darle un recadito al que ha avisado y dejarle bien claro quién manda allí.
Y no vayan a pensar que esto es patrimonio de la muchachada. Tengo cerca de casa el placer de la compañía de un vecino que acababa de adquirir un nuevo vehículo (¡también de alta gama!) con un equipo de música que para sí quisiera el vetusto Mestalla. La noche de San José consideró que a las cinco de la mañana, cuando ya los casales echaban el cierre, era un buen momento para ponernos el mítico álbum The Wall, de Pink Floyd, y ensayar sus coreografías con la mirada puesta, sin duda, en presentarse a los cástings de ¡Fama!. Una vez concluyó su número se dedicó a lanzar cosas a la calle desde su garaje, insultar a todo el que pasaba y amenazar a uno que nada tenía que ver. Este vecino hace tiempo que dejó el colegio (seguro que a tenor de lo visto, más pronto de lo necesario) por lo que no se le puede achacar su demencia a su alocada juventud, ya que tiene pinta de acordarse de la muerte de Carrero Blanco y del festival de Eurovisión de Massiel. Desde entonces no hay semana que no goce de compartir su música preferida (Tina Turner, Manu Tenorio, etc...) con toda la vecindad. También la policía ha venido alguna vez y le ha obligado a parar la música o dejar el coche, pero a los cinco minutos de marcharse ha vuelto a las andadas, ante mi atónita mirada furtiva a través del balcón.
Seguro que ahora a usted se le ocurren más de un ejemplo similar. ¿qué cómo se soluciona esto? Si le soy sincero la mayor parte de las respuestas que se me ocurren son anticonstitucionales e ilegales, así que mejor me las guardo para mí.
Y si usted es el del coche, no sea asín y baje la música.

14 de abril de 2008

¡Amunt!

Yo soy de los que creen que la esperanza es lo último que se pierde (no me refiero a Aguirre, no se vayan a pensar). Y es por eso que estoy convencido de que el miércoles vamos a ganar la Copa del Rey. Muchos son los paralelismos entre la final de este año y la del 95 contra el Dépor. Al igual que en este año, aquel año el Valencia consumaba un sonoro fracaso después de fichar a muchos jugadores y un entrenador que "vestía con frac" en palabras del presidente, al que acabaron echando mediada la temporada. También el rival venía crecido después de haber sido subcampeón de Liga -merced a su indolencia, todo hay que decirlo, por mucho que le echen la culpa al Valencia- y nuestro equipo no sabía a qué jugaba. La final tiene como escenario Madrid y se anuncian lluvias y todos recordamos la tormenta que aguó la final a falta de diez minutos (y una más que probable victoria nuestra a tenor de cómo iba el partido) en el Santiago Bernabéu. Y casi al final de la temporada el entrenador de aquel entonces (un hombre de la casa, José Manuel Rielo) sabía que no sería quien dirigiría al equipo en la siguiente campaña.
Pero hay una cuestión que la hace diferente a entonces: En aquel partido el Dépor era el rival a batir y en este encuentro el rival será ...el propio Valencia. Ayer mencionaba el deseo que muchos aficionados tienen de perder la final con tal de echar a Koeman. -¡No!-les digo- ¡que lo echen después si quieren, pero que ganen la Copa!. La afición practicamente ha dejado de creer en el equipo, de ahí el desdén con el que se les recibe y despide en Mestalla. Los que vamos al campo, manteniendo la ilusión de ver ganar al VCF, ¿cuándo fue la última vez que lo vi ganar?, nos marchamos con avidez cuando el árbitro señala el final del partido y me parece que ése es el peor silbido que se lleva un futbolista: la pasividad con que se acoge la derrota. Por ello creo que el amor propio de los futbolistas (si es que de verdad lo tienen, claro) es el único que les puede llevar a conseguir una nueva copa. Además está el tema que anunciaba el Miope en su blog la semana pasada: ahora somos los malos de la película, porque toda España quiere que gane el Geta la final, para resarcirles por la eliminación (¡justísima!) contra el Bayern. Nadie recuerda las dos finales perdidas en la Champions, porque el fútbol nunca ha practicado la justicia ni la caridad. Si fuera así, el Levante estaría salvado matemáticamente, dado que tiene al entrenador con más coraje de toda la primera división.
El míercoles iré a la plaza a verlo por la pantalla, tengo entrada para ir al Calderón, pero las obligaciones familiares me impiden ausentarme tanto tiempo. A ver si mi hija ha venido con una Copa bajo el brazo.
¿y si perdemos? Bueno, en estos casos, com diu ma tia: "No patiu, xiquets, que demà el pa està al mateix preu"

13 de abril de 2008

A vueltas con la Copa

( Publicado en el diario La Opinión de Torrent)

A las puertas de disputar una nueva final de Copa, los aficionados del Valencia se hallan divididos ante el resultado del partido contra el Getafe. Y es que un buen grupo de ellos, abochornados por el espectáculo ofrecido en esta temporada, esperan una derrota con la que despedir al entrenador. Es éste, sin duda, un nuevo sentimiento en el sufrido aficionado valencianista: desear la derrota. Pero no tiene nada de nuevo en la escena política.

Muchas han sido las derrotas electorales que se han celebrado dentro de los propios partidos, a la espera de la caída del líder. La propia derrota de Pla se esperaba más en alguna agrupación socialista que en la sede de la calle Quart. Como quiera que Pla no se retirara a la primera, tuvo que ser el diario El País el que le animara a tomar las de Villadiego. También se ha recibido con gozo la derrota de Rajoy en alguna sede regional del PP, dispuestos a tomar las riendas del partido. Ignoramos cómo se mascó la derrota local del PSOE en la propia agrupación socialista el pasado mayo, aunque visto lo visto, más de uno esbozaría una sonrisa esa noche.

El tiempo, dicen, pone a cada uno en su sitio, pero yo soy bastante escéptico con esa aseveración y prefiero juzgar las actuaciones siempre en presente. Nunca me he alegrado con la desgracia ajena ni el error del contrario. Tal vez porque nunca he entendido la disputa política como una lucha entre nosotros y nuestros enemigos. Nunca he entendido que en los partidos se calificara al contrario como un adversario a batir o como un blanco a derribar. Nunca me han enseñado a plantear que la sociedad se divida en unos y otros, entre los que se establezca una especie de telón de acero que jamás se podrá cruzar. Aunque llevo poco tiempo siguiendo el panorama político local, entiendo que uno de los grandes activos de nuestro pueblo, de nuestro ayuntamiento y de nuestros políticos locales había sido justamente ése: no haber llevado a la disputa política al fango de las últimas grandes polémicas a nivel nacional. De otra manera no se habría entendido que los dos anteriores alcaldes acudieran personalmente a felicitar a la nueva alcaldesa en la noche de las elecciones, en un gesto sin precedentes que les honra y califica como personas.

Apenas pasados unos meses de las elecciones podemos decir que ese espíritu de concordia sigue vigente en nuestro ayuntamiento. Sin embargo no ocurre así a pie de calle. Aún es frecuente escuchar comentarios que critican la anterior gestión del ayuntamiento con razonamientos de patio de guardería. También es sencillo oír opiniones en contra de la gestión del actual con argumentos más propios de la España de 1936 que la del Torrent cívico del siglo XXI. Nada podríamos objetar a estas situaciones, más adecuadas en acaloradas tertulias de bar, si no estuvieran en ocasiones jaleadas, cuando no promovidas, por insignes personalidades de nuestro pueblo, que han hecho de la crítica política prácticamente una declaración de guerra, poniendo en el punto de mira cualquier cuestión y alegrándose y deseando el fracaso del ayuntamiento antes que el bien común, tal y como desean algunos aficionados del Valencia con tal de tirar a Koeman. Y qué quieren que les diga, que esto dice muy poco de quien lo fomenta. Ignoro si el tiempo los pondrá en su sitio, pero espero que así sea.

Mientras tanto yo ya me he comprado mi camiseta para la final. Que el Ayuntamiento vaya poniendo los andamios en la fuente de las ranas, que el 16 por la noche vamos a ganar la Copa. Y si no, lo celebraremos igual, porque dicen que lo importante es participar y ése es el consuelo de los perdedores. Que usted lo celebre bien.

10 de abril de 2008

La página web

Como ya habrán observado navegando por la red, , por fin tenemos página web nueva en nuestra población. Nos dicen que aún no está completa y que se irá haciendo en las próximas semanas, pero se intuye que es bastante funcional. De la gestión de la empresa que se dedicó a construir una y el resultado fue una página totalmente inoperativa ( a juicio de los propios encargados de ponerla en marcha) no vamos a hablar, como tampoco del dineral que costó y que ha acabado en el limbo.
Y claro, no han faltado en saltar aquellos que están a la más mínima para hacerlo. En esta ocasión ha sido por el apartado de la alcaldesa que aparece en la página. Y es que tal vez la presencia en primera plana de la alcaldesa y tener más arrinconada a la corporación muncipal sea un error. Esperemos que esto se deba a la premura de presentarla en sociedad y no a otras cuestiones, pues no favorece la imagen del ayuntamiento.
En estos asuntos de crítica a la gestión del gobierno municipal conviene que unos y otros tomen nota. No hay que servirles en bandeja argumentos para que te den caña, no es muy inteligente. Por otra parte, aquellos que aprovechan cualquier cuestión para meter el dedo en el ojo deben pensar si es éste un argumento tan sólido como para montar tanto escándalo. Recuerden el cuento del lobo y Pedrito. No vaya a ser que se quemen con estas chorradas y si en algún momento deben hacer una crítica más importante hayan perdido ya toda su credibilidad.
Decíamos pues que la página, salvadas estas cuestiones, pinta bien. Nos cuenta el Miope ,que ha comparado varias webs municipales, que es bastante útil y que se puede aprovechar para hacer algunas gestiones. Al igual que en la página anterior también se pueden descargar los ejemplares del BIM en formato PDF. Qué bien nos vendría acostumbrarnos a usar el programita éste (Acrobat Reader) para poder bajar el número de ejemplares impresos de las diferentes publicaciones municipales, con el consiguiente ahorro en dinero y papel. También echo en falta que, al igual que se hace con el BIM, se cuelguen en pdf todas las publicaciones que ha hecho el ayuntamiento en los últimos años (Revista Torrens, Gent de Torrent, monografías, etc...) de forma que podamos acceder a ellas todos. Hay algunos ejemplares que son verdaderas obras de arte y que al no ser reimpresas, no podemos consultarlas más que prestándolas en la Biblioteca.
A ver si en la próxima actualización.

8 de abril de 2008

Conceptos

Por mi mente circulan muchas realidades, pero a veces no encuentro los conceptos necesarios para definirlas. Acudo a veces al diccionario ideológico, que nos ofrece una sucesión de términos afines a una realidad o un campo semántico, pero se me queda corto, pues no me soluciona mis inquietudes léxicas. Y es que el vocabulario de una lengua no ofrece siempre una palabra ante una realidad. Pongamos por ejemplo algo más o menos cotidian, como es que un hijo pierda a su padre. En ese caso nos dio la lengua al huérfano. La situación, mucho más trágica de que un padre pierda a su hijo se encuentra, en cambio, huérfana de un término que la acoja, tal vez porque creyó alguien que a falta de vocablo que lo designase, tampoco tendría lugar tal suceso, pero no es así. La ausencia de significantes no provoca la desaparición de sus significados. Este desagradable ejemplo nos demuestra que nuestra lengua no siempre nos regala la palabra con la que definir algún hecho. El inglés lo suele solucionar con la composición o la derivación. Si usted a estudiado la lengua de Shakespeare, habrá comprobado la cantidad ingente de términos compuestos que existen y que incluso se han exportado a otras lenguas. Una de las más ridículas es el "self-made", que se aplica a la persona que "se ha hecho a sí misma", obviando, pues la inestimable aportación genética de sus padres. Cuando una productora cinematográfica quiere promocionar su última película suele ofrecer en televisión el "making off" que vendría a significar el "documental que muestra los entresijos del rodaje de la película". El castellano es mucho más rico a la hora de crear nuevas palabras, pues además de usar la inefable parasíntesis, tampoco desdeña las perífrasis o las locuciones. Quedan, no obstante, muchas realidades por definir. Por ejemplo: Todo el mundo conoce que la falta de lluvias en un período más o menos largo es conocido como sequía, pero ¿cómo se conoce el fenómeno contrario? Tal vez al no haber en mucho tiempo un período parecido la lengua ha arrinconado el término, ¿qué habrá ocurrido con él? ¿Estarán en las catacumbas del lenguaje?. Otro ejemplo es la sensación que me ha producido ver a Zapatero en la cumbre de la OTAN. A mí me ha producido una inmensa conmiseración, pues realmente me sentía incomodo al verlo. Por otra parte me embargaba la empatía al no poder dejar de imaginarme a mí en esa situación tan embarazosa, en la que todos parecen no advertir tu presencia y tú crees ser el centro de todas las miradas. Por último sentía bastante desdén ante esas imágenes, contemplando la aparente tranquilidad con la que jugueteaba con el móvil desde su butaca. ¿Existirá en la lengua algún término que defina la "conmiseración y empatía que produce la contemplación del fracaso ajeno a pesar de la aparente tranquilidad que éste muestra"? ¿ o tal vez esta realidad es tan desagradable que la lengua ha optado por no adoptar ningún vocablo para mostrarla?.
Qué lío, qué lío.