16 de noviembre de 2008

Una

(Publicado en el último número de La Opinión)

Una.

Una vivienda ha sido la única que se ha ofrecido a Cáritas para que pudiera ser alquilada por familias inmigrantes sin recursos dentro del programa VISO (Vivienda Solidaria) que se impulsó hace ahora un año en nuestro pueblo. Las condiciones del programa –el propietario ofrecía una vivienda digna y pedía un precio humano y razonable de alquiler a cambio del aval de Cáritas ante los pagos y el compromiso del buen uso de la casa– han propiciado que sólo se presentasen unas cinco y que sólo una de ellas cumpliera con el criterio de proporcionar un hogar a familias que no pueden entrar en el mercado inmobiliario de alquiler con la situación actual de especulación.

Podemos debatir durante horas acerca de cuáles son las causas que han provocado semejante resultado, pero no podemos dejar de tener en cuenta una cuestión: Somos capaces de ayudar a gente que está a miles de kilómetros de nosotros, apadrinar un niño de Nicaragua, comprar en tiendas de comercio justo o asociarnos a Carpinteros sin fronteras; pero cuando esas personas están enfrente de nuestra casa, cuando hay que abrirles la puerta de nuestros hogares y hay que compartir con ellos nuestra ropa y nuestra comida, ¡ay, amigo!, ahí empezamos a buscarnos excusas y prejuicios.

Porque, evidentemente, a quien más y quien menos, le está afectando la crisis. Con la que está cayendo ahora, seguramente usted también busca las marcas blancas de los supermercados, ha dejado de salir algún fin de semana, ha retrasado la compra del televisor nuevo o está pensando en que este invierno la ropa tiene que durar como mínimo hasta las rebajas y la carta a los reyes será un poco más breve. Algunos lo tienen peor e incluso están viendo peligrar su trabajo si no lo han perdido ya o han visto reducido sensiblemente su salario. Pero aún así, mientras usted y yo estamos tranquilamente sentados en el sofá, mientras llueve ahí afuera y nosotros miramos reconfortados desde nuestro balcón, mientras llegamos a casa después de trabajar y nos duchamos con agua caliente, hay familias que están durmiendo en una alfombra, soportando las goteras sobre sus cabezas o utilizando las mantas como colchón, familias a las que ni siquiera les podemos ofrecer un radiador con que calentarse estas noches que se avecinan porque no disponen de ¡luz eléctrica!, y eso cuando no están pagando ingentes cantidades de dinero por una habitación a verdaderos mafiosos que deberían dejar caer sus huesos en la cárcel.

Y éste no es un problema de izquierdas o de derechas. Ni de si la crisis es culpa del Gobierno o de los Estados Unidos. Ni siquiera es un problema de los Servicios Sociales o de Cáritas. Es un problema de cómo afrontamos una realidad que está sucediendo hoy en nuestro pueblo, en nuestras calles, en nuestras casas. Es un problema de ver y analizar cómo estoy actuando yo cuando, teniendo la posibilidad de hacerlo, le estoy negando el pan y la sal a mi vecino; cuando prefiero tener un piso vacío y seguir pidiendo seiscientos euros de alquiler al mes a permitir que unas personas extranjeras vivan en mi casa; cuando el criterio con el que matriculo a mis hijos en un colegio es saber cuántas nacionalidades compartirán aula con mis retoños; cuando prefiero utilizar los servicios privados de salud para evitar coincidir con personas que a saber de dónde vienen.

Y que levante la mano el que no lo haga así, porque yo, desde luego, no puedo levantarla.

4 comentarios:

zacarías dijo...

Entonces de que te quejas? No sé, lo menos que podrías hacer es actuar conforme tu conciencia te dicte

www.elcarrermajor.com dijo...

No me estoy quejando, estoy haciendo una reflexión en voz alta que creo que podemos hacernos todos, ya que nos cuesta mucho asumir nuestras miserias y ver los errores de los demás.

Renato dijo...

He leído atentamente tu razonamiento que haces, en voz alta, y no sabes lo que me alegra saber, que el fracaso del programa VISO, no es culpa de Zapatero, poco a poco, pero vamos avanzando.
Particularmente, ni tengo pisos vacíos, ni tengo seguro particular, ya que no me importa que en la sala de espera del médico, hayan personas de otras nacionalidades, ni cuando tenia hijos pequeños, huía de los colegios públicos.
En mi declaración de la renta, pongo la x en la casilla de fines sociales, o sea que de una forma indirecta contribuyo, a la solución de estos problemas, aparte estimo que todas las cantidades que los ayuntamientos, dedican a fines lúdicos, fuesen para paliar estos problemas, y dichas fiestas que las subvencionen los que participan en ellas y los que se benefician por el trabajo que les proporcionan.

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo contigo, Arturo. Vvivimos de una manera muy hipocrita, exigimos a la sociedad y a las administraciones cosas que no estamos dispuestos a cumplir nosotros mismos. "¡Que inventen ellos! decía Unamuno", y ahora se trata de "Que lo arreglen ellos".