20 de octubre de 2008

Proparoxítono

Al no haber podido terminar los estudios básicos siempre tuve la sensación de ser un iletrado. Cierto es que, pese a que las obligaciones familiares me impidieron seguir mi formación académica, siempre tuve la inquietud de leer y estar atento a cuanto acontecía a nivel cultural en la ciudad. Pero no era más cierto que más de una vez, ante los maridos de las amigas de mi mujer, quedaba en evidencia cuando ignoraba algunas de las cuestiones que ellos comentaban y departían, con fundados temores por mi parte que así actuaban para hacerme el vacío y ser la mofa y escarnio del grupo.

Así que un amigo de la infancia me aconsejó que empezase de cero a instruirme y sugirió que lo mejor era tener una buena base, por lo que debía enriquecer mi vocabulario. Intrigado ante su propuesta, le pregunté a quién debía dirigirme y me remitió a una librería que regentaba un anciano muy sabio que había cerca de casa. El librero pareció entusiasmarse ante mi petición y comenzó a sacar de sus estanterías gruesos volúmenes que ante mi asombro y estupefacción quería que yo adquiriese. Fue en ese momento cuando tuve que reconocer que además de ser un iletrado era bastante insolvente, así que no podía comprar todos aquellos ejemplares. El librero se quedó pensativo unos minutos y finalmente rebuscó en su trastienda y salió con un diccionario de palabras esdrújulas. Me indicó que estas palabras son la aristocracia del léxico de una lengua y que por lo tanto podía empezar con ellas y dejar para más adelante las llanas y las agudas. Además el libro venía con un regalo que eran el úsase y el dícese, que son como las llaves del vocabulario de una lengua y sin ellas no podíamos abrir ninguna. Me convenció con su fantástica y apoteósica argumentación y me marché a casa.

Una vez me senté en el sillón abrí el libro por una página al azar y apareció fémina. Me gustó su definición y reconocí que dónde iba a parar, que mejor fémina que mujer. Seguí leyendo y encontré otra muy curiosa: esperpéntico. Era una palabra que había escuchado en alguna ocasión al estúpido de Bermúdez. Su significado era " todo aquello que puede llegar a ser ridículo ". Finalmente me detuve en dos más: ínfula y decimonónico. La primera decía ser "presunción o vanidad" y la segunda, "pasado de moda o anticuado". Para ser el primer día, me pareció más que suficiente y como quedé fascinado por las cuatro palabras resolví dejarlas colgadas en la pared del comedor y poder observarlas todos los días.

Pero he acabado quitándolas, porque me ha dejado el salón muy proparoxítono y de lejos se parece a un retrato de Mª Antonia Iglesias.

10 comentarios:

zacarías dijo...

Mi diccionario recoge "proparoxítono" como agudo.
De todas formas, dejo aquí otra palabra esdrújula:"patético", que es lo que me viene a la cabeza cuando veo a Miguel Ángel Rodríguez

Renato dijo...

La historia es preciosa, y genial el desarrolo de la misma, pero al final no entiendo bien, si el retrato, es la "señora" alcaldesa o de Monseñor "camino" esa es mi duda.

LUIS MARIANO dijo...

Estoy de acuerdo contigo.Es el problema de ser autodidacta como en su dia lo fueron Hitlet y Stalin

www.elcarrermajor.com dijo...

Zacarías, ¡tu diccionario es muy agudo!
Consultemos el DRAE:
proparoxítono, na.
(Del gr. προπαροξύτονος, antes).
1. adj. Fon. esdrújulo. U. t. c. s.
oxítono, na.
(Del gr. ὀξύτονος).
1. adj. Fon. agudo (‖ que lleva el acento prosódico en la última sílaba). U. t. c. s.

www.elcarrermajor.com dijo...

Sólo una lanza en favor de Bdt.com a la que algunos calificaron como propaganda de la alcaldesa. Miren la noticia con la que abren su ventana esta semana.

Roberto dijo...

Me gustaria saber, cual es el problema, que tienes con Mª Antonia Iglesias.

Renato dijo...

He leído muy atentamente, tu articulo, que lleva por título, esa palabreja, un tanto rebuscada, y que normalmente la gente, no suele usarla, podemos decir de “diario”.
Sobre las cuatro palabras, que cuentas que colgaste de tu salón o comedor, y que eran “fémina”, “esperpéntico”, “ínfula” y “decimónonico” relatas que las quitaste, porque te recordaban el retrato de Mª Antonia Iglesias, (que no se que daño te ha hecho, aparte de ser de izquierdas y totalmente progresista, y muy defensora de las libertades), yo solo veo que la única palabra que la retrata, es la de fémina, pero ni la veo ridícula, ni vanidosa y mucho menos anticuada.
Pero mira por donde, creo, que menos en la primera palabra (fémina), las tres restantes te van a ti, pero a la medida. Porque muchas veces en tus comentarios o pensamientos, rayas en lo ridículo, estas poseído de una gran dosis de vanidad, y en la mayor parte de tus tesis, eres anticuado a todas luces, como veras para gustos colores, y por favor ten un poco más de respeto a esta señora, que deberías lavarte bien la boca, antes de hablar de ella y faltar el respeto de una manera, tan gratuita y a la vez tan sibilina.

www.elcarrermajor.com dijo...

Creo que conviene que tengas en cuenta que esto es un cuento y que, por lo tanto, no soy yo el protagonista de esta historia.
Si te parece , escribe tú el tuyo, invéntate la trama, elige los protagonistas adecuados y da rienda suelta a la imaginación. O bien, elige tú otro final (alguien proponía a M. Ángel Rodríguez) y decide tú qué ocurre con él. La literatura tiene esa ventaja: te permite crear tus propios mundos.

Anónimo dijo...

Vosotros seguid viendo los programas donde aparece esta tipa de invitada que seguro que habrá menos paro, desaparecerá e.t.a,estaremos en el g8 y todo el mundo llegará a fin de mes. MENUDA SOCIATA

Renato dijo...

Pues vaya mundo de mierda, que te has creado.