14 de julio de 2008

Treinta y seis al día

(Publicado en el último número del Diario La Opinión)

Apenas había pitado el árbitro el final del partido y los jugadores españoles corrían a abrazarse por haber conseguido la Copa de Europa cuando algún descerebrado ya había arrancado dos ranas de la fuente homónima para festejar el título. Si a principio de curso celebrábamos que se hubiesen recuperado los batracios que daban nombre a la fuente, ahora lamentamos su pérdida a manos de algún estúpido. Y es que no falla, siempre hay un listo que aprovecha el anonimato que permiten las aglomeraciones o las grandes concentraciones para dejar su testimonio en forma de gamberrada. Hace unas semanas estuve en la Mezquita de Córdoba. ¿Se pueden creer que había pintadas de rotulador en una pared señalando la presencia de la “familia Sánchez” allí? No nos cuesta imaginar al joven Sánchez, bolígrafo en ristre, grabándose a sí mismo con su móvil de última generación, dejando constancia de tan magno encuentro entre su persona y la Mezquita, pero ¿y el padre y la madre Sánchez?, ¿por qué se unieron a semejante hazaña?

Dice el BLOC que para cuadrar el presupuesto municipal, recientemente aprobado, el Ayuntamiento necesitará que se multe a treinta y seis personas diarias, lo cual les parece exagerado, pero a mí, qué quieren que les diga, hasta se me antoja que es algo corto. Para demostrarlo, les sugiero un pequeño experimento: Empecemos, si les parece, por las personas que permiten a sus canes realizar las aguas mayores en medio de las aceras. Dese un paseo de cinco minutos por las calles de su barrio y contabilice las veces que ha de sortear los excrementos perrunos que se hallan en su trayecto. Continuemos ahora por los coches mal aparcados. Realice la siguiente prueba: Coja un carrito de bebé o una silla de ruedas e intente pasear por alguna de las aceras laterales de la avenida, evitando a los vehículos estacionados en los pasos de cebra. Obtendrá usted el premio si sólo lo hace en menos de cinco ocasiones. Acabemos el ejercicio de hoy con el tercer reto. Después de cenar, ahora que el calor aprieta, apague su aparato de aire acondicionado –si es usted de los afortunados que lo tiene- abra las ventanas y dispóngase a ver la televisión. No olvide tener el mando a distancia bien cerca para subir el volumen de su receptor cada vez que un coche decida compartir con usted los grandes éxitos de Camela o una moto repique en sus tímpanos con la música de sus rugidos. Es en este momento cuando nos damos cuenta de que el número de treinta y seis vecinos multados podría quedarse muy corto si aplicásemos a rajatabla las ordenanzas municipales.

No habrá quien alce ahora la voz reclamando el celebérrimo Pacto Cívico, del que ya hemos hablado en alguna ocasión y que ha quedado en agua de borrajas, más que nada porque se aprobó, se celebró y se guardó en un cajón a coger polvo. Que no vengan ahora a reclamarlo los que lo pusieron bajo llave y no hicieron ningún esfuerzo por desarrollarlo más allá de imprimir su lema en la papelería oficial del Ayuntamiento y en las camisetas de los equipos deportivos. Tampoco nos valdría que lo reclamasen aquellos que hacen del insulto, la mofa y la descalificación su principal arma política ante la falta de un discurso mejor.

Mientras tanto, nos hemos quedado sin ranas en la fuente. Tal vez ahora duerman en algún contenedor. O quizá decoren la vitrina del comedor de alguna casa torrentina. Si es así, espero que las disfruten. Pero que sepan que las hemos pagado todos.

(Una vez publicado este artículo, hemos constatado que las ranas han vuelto, felizmente, a su charca)

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