28 de junio de 2008

Urkullu

En política se suelen decir muchas tonterías. Si no lo creen, lean aquí. Me voy a ahorrar calificar con otras palabras las opiniones de Urkullu o Carod (por más que se entienda, dado su prominente bigote y su arabismo incontenido que este último vaya con Turquia).
Yo entiendo que cualquiera aspire legítimamente a que su nación -conceto discutido y discutible- esté representada en las competiciones deportivas internacionales. La mía ya lo está y supongo que aquellos que no ven a la suya de esta forman lo lamentan y deseen el día que así sea. Si España participara conjuntamente con Portugal en una selección ibérica, tal vez fuera yo quien reclamase la españolidad de nuestros deportistas, por más que Cristiano Ronaldo sí tuviese a quien pasarle el balón. O si nuestros atletas compitiesen bajo el Imperio Romano, quién sabe si no sería yo el que enarbolase la bandera rojigualda con una estrella para reclamar la independencia de los españoles en las Olimpiadas. Pero lo que tengo seguro es que si jugase Iberia, el Imperio Romano, Al-Andalus, El Sacro Imperio Romano-Germánico o la OTI contra el Imperio Británico, Cartago, los Estados Pontificios o la selección de las Antillas Holandesas, mientras los míos compitan allí, yo siempre querré que ganemos.
Lo demás son chorradas, estupideces y sandeces.
Vamos, digo yo.
Y ahora, a soñar que mañana ganamos a Alemania, que por fútbol e ilusión , ¡podemos!

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