5 de mayo de 2008

Mi primer y único cero

Recuerdo con mucho cariño mi primer y único cero en el colegio. Era en 2º de B.U.P. en Química. Había estado estudiando todo el fin de semana la formulación y se me atragantaba bastante aquello de la IUPAC y Stock (creo que se decía así). Así que me tuve que aplicar e hincar los codos. Salí bastante contento de casa y llegué pronto al colegio. Nos repartieron el examen y parecía sencillo: algunas fórmulas para escribir su nomenclatura y al revés. Acabé el primero y lo entregué, confiado, a la profesora que parecía contenta con mi rapidez. Me sugirió corregirlo de inmediato. Asistí con la cabeza y al minuto me lo entregó con una cara mezcla de incredulidad y ternura: -Tienes un cero, Arturo- me dijo mientras me lo alcanzaba. No sabía dónde meterme y entonces la profesora me fue explicando uno por uno todos los errores cometidos
-Mira, aquí te has equivocado con la valencia, aquí con el sufijo, esto no es una base- y así fue desgranando todos y cada uno de los fallos que habían provocado la nota monda y lironda que acompañaba mi nombre. Al final me dijo que se notaba que había estudiado porque los pasos que había hecho eran correctos, pero que siempre me equivocaba en alguna tontería y eso hacía que el resultado estuviera mal. Entonces las notas eran claras, o estaba bien o estaba mal. Hoy en día, con las milongas de la LOGSE y no traumatizar a los niños me hubieran puesto un 3 o un 4, pero aquello era así: Un fallo y a la calle.
Desde aquel día me di cuenta de dos cosas: Una, que ya podía empezar a aplicarme con las Letras, porque con las Ciencias comenzaba a vislumbrarse un futuro nada halagüeño. Dos, que una palabra amable y cariñosa puede hacer mucho más por un niño que cientos de riñas y broncas.
Aquella profesora se llamaba Amparo Castelló y falleció la semana pasada.
Yo soy de los que piensan que ir a un colegio u otro imprime carácter. No es que sea mejor ni peor, sino que al formar parte de ti durante tantos años, te deja una impronta que difícilmente se borra. A veces es para bien, a veces puede ser para mal. A mí, el ir a un colegio como Monte-Sión me marcó, será por los años pasados allí, por los amigos hechos, por las experiencias acumuladas o por el testimonio de tantos y tantos profesores que han ido acercándose a ti e intentando ayudarte. Sería injusto empezar a nombrarlos a todos, porque la memoria es flaca y siempre acaba dejando a algunos, del mismo modo que es injusto acudir a aquellos que ya se han ido y no haberlo hecho en vida. Pero esta mañana, al escribir estas líneas, no quería dejar pasar la oportunidad de recordar aquel cero que un día me puso Amparo, que tal vez me espabiló más de lo que yo en aquel momento pude percibir. Hacía tiempo que no la veía y cuando lo hacía siempre me quedaba con ganas de contarle: "me he casado, voy a tener una hija, trabajo en un colegio...". Ayer nos contaron que se había marchado y nos lamentábamos de que, una vez más, se vayan sin casi despedirse, sin darnos tiempo a darles las gracias.
Gracias, Amparo.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Arturo, tengo que felicitarte por tu comentario, que me ha parecido de lo más humano y tierno, he disfrutado leyendolo, muchas gracias.
Ricardo Alventosa.

www.elcarrermajor.com dijo...

Gracias, Ricardo. Al final acabaremos conociéndonos, ya lo verás...

Anónimo dijo...

Tiempo al tiempo, paciencia que todo llegara.
R.A.

Miope dijo...

Yo también las pasé canutas con la física y química de 2º BUP pero al cero no llegué...

Gerardo dijo...

Todos las pasamos canutas con la Física y Química (todos los de letras, claro). A mí no me llegó a pasar tanto como a ti, pero también era un despiste absoluto. Una vez estudié muchísimo para un examen de química de formulación y tal y salí supercontento. Al día siguiente ví un prodigioso 5 en mi examen y Amparo me dijo, con esa ternura tan suya que tú comentabas, que no sabía qué hacer conmigo y que tenía todo lo que había hecho perfecto... pero no había acabado de leer los enunciados y me había dejado medio examen sin contestar.
Por cierto, creo que es la única profesora que he conocido que se tomaba la molestia y el esfuerzo de corregir todos los exámenes para el día siguiente de haberlo hecho, sin fallar nuca.
Un merecido recuerdo para ella y descanse en paz

nimue dijo...

Es casi una obligación honrar a nuestros maestros de esta manera, tengo la impresion. Sobre todo los que nos dedicamos a esto y vemos como van las cosas. Estoy totalmente de acuerdo. El cole nos hizo parte de lo que somos ahora.
Yo también fallaba en la química. Y mira que me gustaba... pero nada.