21 de abril de 2008

Impunidad

He andado todo el fin de semana pensando en qué está ocurriendo en nuestras calles cuando un vecino le ha disparado a dos jóvenes porque le molestaban con sus motos. No vamos a entrar a juzgar la actuación de cada uno de ellos, porque la información que nos da la prensa es escueta, aunque es claro que liarse a tiros parece algo desproporcionado ante los caballitos de un ciclomotor.
Y digo que qué está pasando en nuestras calles, dejando ahora de lado el lamentable suceso de la semana pasada, porque quién de nosotros no se ha visto totalmente impotente ante la impunidad de algunas cosas que ocurrían bajo de nuestras ventanas. Fíjense en estos ejemplos si no: Tengo un amigo que vive en una plaza muy concurrida de nuestra ciudad. La plaza es tan grande que da para que los chavales jueguen al fútbol ( a pesar de la estéril prohibición que plasma una señal), las madres paseen con sus retoños en el parque que hay instalado, los mayores ejerciten sus articulaciones con esos modernos aparatos de gimnasia y... un nutrido grupo de jóvenes practique la capacidad aeróbica de sus pulmones y la velocidad a la que se degeneran sus neuronas con las indudables virtudes del THC presente en los cigarrillos que alegremente lían, pasan, chupan y apuran. Nada nuevo bajo el sol, por otra parte. Sólo que cuando mi amigo intenta acceder al patio de su casa okupado por estos fumetas, prácticamente tiene que solicitar por escrito y duplicado una instancia para que le dejen libre el ínfimo espacio necesario para poder cruzar el umbral de su puerta sin ser objetivo de algún esputo. En alguna ocasión ha venido bien entrada la noche algún coche de alta gama, sin duda adquirido con los ímprobos esfuerzos de su dueño que se habrá deslomado trabajando de forma totalmente legal, y conecta su estupendo equipo estéreo surround mientras reparte jovialmente su carga de rulas y similares ante el jaleo de su entregada y enfervorecida clientela. Como quiera que les debe gustar más que a ellos mismos una tiza el estruendo que viene a continuación ha obligado a que mi amigo haya hecho uso del teléfono para avisar a la policía- tanto local como nacional-. La policía siempre viene y no vayan a pensar que los chavales se han hecho sus necesidades encima, como dirían los castizos, sino que más bien ha sido un premio el hecho de abrirse los bolsillos, enseñar sus carteras e identificarse entre burlas, chistes y risas. Los agentes, haciendo de tripas corazón y mordiéndose la lengua para no tener que darle un guantazo a estos críos, les obligan a parar la radio y alguna vez se incautan de algo, pues los muchachos saben dónde esconderlo bien para que no se lo pillen. Al marcharse la patrulla, la mejor de las veces la música vuelve al nivel donde estaba antes, cuando no más para darle un recadito al que ha avisado y dejarle bien claro quién manda allí.
Y no vayan a pensar que esto es patrimonio de la muchachada. Tengo cerca de casa el placer de la compañía de un vecino que acababa de adquirir un nuevo vehículo (¡también de alta gama!) con un equipo de música que para sí quisiera el vetusto Mestalla. La noche de San José consideró que a las cinco de la mañana, cuando ya los casales echaban el cierre, era un buen momento para ponernos el mítico álbum The Wall, de Pink Floyd, y ensayar sus coreografías con la mirada puesta, sin duda, en presentarse a los cástings de ¡Fama!. Una vez concluyó su número se dedicó a lanzar cosas a la calle desde su garaje, insultar a todo el que pasaba y amenazar a uno que nada tenía que ver. Este vecino hace tiempo que dejó el colegio (seguro que a tenor de lo visto, más pronto de lo necesario) por lo que no se le puede achacar su demencia a su alocada juventud, ya que tiene pinta de acordarse de la muerte de Carrero Blanco y del festival de Eurovisión de Massiel. Desde entonces no hay semana que no goce de compartir su música preferida (Tina Turner, Manu Tenorio, etc...) con toda la vecindad. También la policía ha venido alguna vez y le ha obligado a parar la música o dejar el coche, pero a los cinco minutos de marcharse ha vuelto a las andadas, ante mi atónita mirada furtiva a través del balcón.
Seguro que ahora a usted se le ocurren más de un ejemplo similar. ¿qué cómo se soluciona esto? Si le soy sincero la mayor parte de las respuestas que se me ocurren son anticonstitucionales e ilegales, así que mejor me las guardo para mí.
Y si usted es el del coche, no sea asín y baje la música.

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