16 de febrero de 2008

La táctica del avestruz

(Publicado en el último número del diario La Opinión)

El 6 de abril de 1.932 el presidente de la República, Alcalá-Zamora, salía de Valencia en dirección a Benagéber para poner la primera piedra de las obras del pantano Blasco-Ibáñez. Según narra El Mercantil Valenciano, el presidente realizó el trayecto en coche y a su paso se agolpaban las multitudes enarbolando banderas tricolores y dando vítores a la República: Valencia, Quart, Cheste, Chiva, Buñol, Requena, Utiel y por fin el pueblo de Benagéber fueron testigos de la impresionante pasión por la república y su presidente. Veinte años después, el 26 , de mayo de 1.952, Las Provincias daba cumplida información de la inauguración del embalse, ahora llamado del Generalísimo, haciendo especial hincapié en el fervor popular que desató la visita de Franco a Valencia, en cuyo trayecto se habían levantado arcos triunfales que coronaban las banderas nacionales y del Movimiento y recibiendo aclamaciones por doquier. Es bastante probable que Alcalá Zamora durmiese esa noche de abril convencido de la adhesión popular que había recibido. Del mismo modo, Franco conciliaría el sueño de aquella noche primaveral seguro de que la nación le debía gratitud. Y que ambos serían felices ignorando a la silenciosa masa que no les aplaudía. La comparación de estos dos sucesos tan parecidos debería formar parte de los manuales de cualquier político: no deben dejarse seducir por la erótica del poder y el aplauso fácil.

Andan en estas jornadas los partidos en plena precampaña haciendo evaluación de lo que ha supuesto la legislatura. Desde el Gobierno, también Zapatero ha glosado las bondades de este período que ha resumido en una serie de lemas que jalonan nuestras calles y ocupan las cuñas de radio. Uno de ellos hace referencia a los derechos sociales conquistados en este cuatrienio, algunos de ellos fuertemente contestados desde amplios sectores de la población o sin el debido consenso entre las principales fuerzas políticas, a los que se les ha acusado de ir en contra del progreso o del avance de la sociedad.

Nada tenemos en contra de que un gobierno desarrolle sus programas, sino que lo haga obviando a una gran parte de la sociedad mientras se regocija en el aplauso y los abrazos de los que sí le jalean, actuando como un avestruz, mirando para otro lado cuando las cosas no le gustan o simplemente escondiendo la cabeza y regodeándose en el espejo de su éxito. Para poder entender esto tenemos que retroceder a 2.003 en los “Pactos del Tinell”, en los que los partidos de izquierdas de Cataluña proponían, entre otras cosas, desalojar al PP de la vida política. Desde entonces el seguidismo que se ha hecho desde la izquierda nacional a la política de Zapatero ha propiciado la exclusión de cualquier debate en la vida pública bajo el pretexto de que la sociedad está con Zapatero. Recordemos incluso los intentos de la Generalitat de Catalunya de controlar lo que dicen y opinan las emisoras de radio y televisión, al más puro estilo Goebbels, aquel que decía “Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”.

La extensión de este pacto a sectores como la Iglesia y la afección al mismo desde el mundo del cine y la música –previo peaje en forma de ley del cine y canon digital- ha provocado que en España se haya satanizado a prácticamente la mitad de la sociedad. Incluso en las últimas horas hemos podido ver al secretario general del PSOE, el indomable Pepe Blanco, amenazando a la Iglesia, tal y como se hacía en el colegio, a que se espere a la salida: “A partir del día 9, todo cambiará”.
Comete un grave error Zapatero si cree que callando las voces críticas o solapándolas con los aplausos de sus incondicionales, volverá a repetir en la Moncloa. Acuérdese de la anécdota con la que empezábamos este artículo. No se haga el avestruz: los que hoy le aplauden, mañana aplaudirán a otro. Y que las cosas a partir del día 9 pueden cambiar.

Y eso esperamos, Pepiño, que todo cambie.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Sin estar de acuerdo con el fondo del artículo, por la crítica a ZP, creo que tienes razón al afirmar que a los políticos les gusta demasiado escuchar aplausos. El narcisismo del que hacen gala es sencillamente, vomitivo. Sólo hay que ver cómo leen las encuestas o el día después de las elecciones, todos han ganado.
Me ha gustado mucho la referencia a la rapública y al franquismo y cómo hacían que la gente los aclamara.
Enhorabuena por el blog, aunque yo espero que el día 9 no cambie.