18 de diciembre de 2007

Feliz Navidad

Si yo me dedicara al latrocinio tendría claro cuál sería mi modus operandi en estas fechas: Del mismo modo que el Manitas de Uranio (el caco de Zipi y Zape) utilizaba su antifaz y su su saco y se colaba por las ventanas de las casas, yo me disfrazaría con un traje de Papá Noel y treparía por las fachadas, de manera que tendría asegurada mi discreción, dado que en llegando a Navidad son miles los papasnoeles que pueblan los balcones de nuestras calles. A este ejercicio de felonía sólo podemos responder con nuestro mayor desdén y repulsa.

Es curioso comprobar cómo dedicamos cientos de horas y discusiones hablando sobre nacionalismos y consumismo y cómo hemos sucumbido a la moda del gordo bermellón que es importada de EEUU y que es el paradigma del capitalismo (recuerden que incluso sus colores e indumentaria la impone Coca-Cola) y que, para más inri, compramos en los chinos.

Afotunadamente, esta moda está siendo -lentamente, eso sí- desplazada por los auténticos reyes magos. La primera vez que los vi fue en la plaza de la Iglesia, hace un par de años y este año ya son legión en algunas calles. Personalmente me parece una coentor, pero no me negarán que es una coentor un tanto reivindicativa, como diciendo "aquí estamos nosotros que se marche el gordito borracho". Y es que a mí siempre me han dado yuyu dos personajes: los payasos tipo Ronald McDonald (sólo me gustaban Fofo y companía y el Gran Fele) y Papá Noel. Se me antojaba que después de repartir abrazos y besos en los centros comerciales iban a llegar a su casa , cogerían su petaca de whisky y una escopeta y se iban a liar a tiros con todo bicho viviente.

Por eso yo me siento muy orgulloso de nunca haberle escrito la carta a San Nicolás, Santa Claus o Papá Noel, y sí haberlo hecho a los reyes Magos. Es más, el mío era el del pelo blanco. Siempre creí que era Gaspar, pero luego supe que era Melchor, aunque no importaba. Era el que tenía más clase y el más elegante, aunque nunca le hice ascos al negrito, a Baltasar, pero éste me daba un poco de miedo. Todo ocurrió una tarde del cinco de enero, cuando bajaba la basura después de una orgía de sorpresas en mi casa (me habían traído, ¡por fin! el traje de vaquero). Como bajé por las escaleras, pasé por la puerta de mi vecino y de su casa salió Baltasar. Ahora ignoro si también bajaba la basura o se iba al bar. Se me quedó mirando cómo pensando "Me han pillado" y yo me mantuve ante él petrificado. Entonces, me espetó: -¿Y tú qué miras?- a lo que yo escapé a correr hacia mi casa.

Así que no me vengan con las milongas de que los reyes no existen: Baltasar vivía en la calle Gómez Ferrer. Ya puestos, supongo que guardaría el camello en el garaje Santo Tomás, que Melchor viviría en el Vedat (era el más pijo) y que Gaspar viviría cerca del convent.

Feliz Navidad. (Nada de esa chorrada de felices fiestas: ¡Feliz Navidad!)

1 comentario:

Carles dijo...

Mi próximo articulo de La Opinión va por ahí, pero lo escribí antes de leer el tuyo...