5 de noviembre de 2007

Juventud

Estos días he andado pensando acerca de la facilidad con la que se distribuyen vídeos entre los jóvenes (móvil , youtube, myspaces...) y la repercusión que están teniendo con su difusión. Por ejemplo, el tipo ése que agredió a la muchacha ecuatoriana. De la noche a la mañana se convirtió en una estrella mediática. Salió en los programas de la tele, lo entrevistaban y se montó un circo acerca de si debía permanecer o no en prisión. Ahora que ya han pasado sus cinco minutos de gloria se ha tenido que cambiar de casa por las amenazas que ha sufrido por parte de bandas latinas. Lo peliagudo del caso es que a la vez que esta salvajada ocurría en el metro, a un muchacho de Valencia lo enterraban por salir en defensa de una chica a la que estaba pegando su novio. Al asesino de este chico no lo conocemos porque no hemos visto sus imágenes. Y ahí está el quid de la cuestión: Nuestra sociedad vive de imágenes.
Comprueben cómo de sencillo es conseguir que un niño de meses que apenas balbucea se mantanga callado: pónganle cualquier vídeo de los Teletubbies, de Pocoyo o de Walt Disney. El niño callado, y nosotros, un problema menos. Desde pequeñitos los enseñamos a consumir televisión, sin ningún criterio, y luego sólo sabemos ver televisión. Ni leer, ni pensar: ver. Yo lo compruebo a diario en mis clases. Cuando quiero exponer algún tema que sé que me va a llevar más de diez minutos de charla, monto la clase en un powerpoint y me llevo el cañón al aula. Lo mismo que les digo en voz alta lo ven en la pantalla y doy fe que esas clases son las más tranquilas. No sé si hago bien (consigo captar su atención) o hago mal (anulo su capacidad de abstracción) por lo que intento ser prudente con esta táctica y no la empleo más de un par de veces al trimestre.
Y ahora vemos con terror otras imágenes desgarradoras de un niño de trece años sangrando por la boca, después de que un compañero lo agrediera de forma salvaje mientras un amigo gritaba "Esto vale su peso en oro". Y claro, todas las televisiones poniendo las imágenes- eso sí, como son muy dignos oscurecían la cara de los menores-. ¿era preciso darle tanta publicidad? ¿no estaremos fomentando esta práctica entre los chavales?. Entonces es cuando pienso en la suerte que he tenido al no nacer en esta generación. Y es que los chicos de hoy en día lo tienen pero que muy crudo. Jamás se ha visto una generación tan homogeneizada. Un sabio me dijo "nunca tanta informalidad fue tan uniforme" y es una verdad como un puño. El que se mueve no sale en la foto: tener el último móvil de última generación, el ipod con mp4, estar conectado todo el día al msn, comprarse la moto, vestir y peinarse como Beckham ... tener una buena imagen, ¡uff! ¡qué estrés!. Si usted tiene un hijo entre los doce y los veinte, le compadezco y le animo a cargarse de paciencia: La tontería, a su hijo, como a usted le pasó, se le acabará marchando.
¡Benditos setenta y ochenta!

2 comentarios:

nimue dijo...

con tu permiso, creo que me llevaré este texto a clase para comentarlo con mis alumnos. Creo que el debate dará para bastante...

Arturo García dijo...

Me parece estupendo. Ya me contarás cómo te ha ido el debate.