7 de septiembre de 2007

El GPS

Como regalo de jubilación, mis compañeros de trabajo me regalaron un GPS. Se trataba de un aparato muy moderno y con funciones novedosas. Más allá de llevarme al sitio indicado por mí, él trazaba rutas alternativas y me recomendaba otras opciones a partir de un perfil que yo creaba al inicio. Le intoduje mis datos, aficiones, gustos, y tal y el aparato empezó a discurrir. A los pocos segundos me sugirió ir a un museo muy cercano a mi casa del cual desconocía su existencia. A continuación me llevó a almorzar a un restaurante que cocinaban como lo hacía mi abuela en el pueblo. Después de una opípara comida me aconsejó dejar el coche en un párking cercano al centro y caminar a pie. Descubrí zonas de la ciudad a la que sólo estaba acostumbrado a frecuentar en coche o autobús y disfruté mucho del paseo.
Comencé a entusiasmarme con el cacharrito y le pregunté qué podía hacer más. Empezó a formular operaciones, algoritmos neperianos y derivadas, ecuaciones de quinto grado y tangentes, y, por fin, arrojó un resultado. Había una conferencia de Juan José Millás en una librería próxima. Como me gusta mucho ese autor, allí que me dirigí, con la sensación de que algo raro había ocurrido cuando tanto tiempo había tardado en ofrecerme una respuesta.
Entré y me senté cerca, pues había bastante sitio libre. Al quedar un poquito de tiempo antes de empezar, jugueteé con el gps, pero éste, incomprensiblemente, había dejado de funcionar. No daba señales de vida. Lo toqueteé y manipulé, intentando en vano descubrir la causa de la anomalía. Tuve que parar cuando el escritor se presentó en la sala, en medio de los aplausos de los presentes. Un conocido periodista lo presentó al auditorio y le dio la palabra. Y cuando se disponía a tomarla, el aparato empezó a sonar de forma muy estridente. Millás se molestó y solicitó que se apagaran los móviles, pero el gps siguió con sus sonidos, así que el público comenzó a mirarme con gesto de desaprobación y enfado. Conseguí que parase y pedí perdón con bastante rubor en el preciso instante que la seguridad se disponía a desalojarme.
Acabó la conferencia y un encargado se me acercó y me pidió que le acompañase. Me llevó a una sala y al punto entró Juan José Millás muy enfadado.

Por lo visto, el gps era suyo y lo alguien lo había robado el día anterior.
¡Qué bordes son mis amigos!

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