1 de septiembre de 2007

Cretinos veraniegos. I

Iniciamos esta colección de final de verano (¿ya ha empezado la suya?) con el que a mi juicio es uno de los mayores cretinos de España: el programador televisivo. (Conviene recordar la definición de cretino que nos proporciona la R.A.E., una de cuyas acepciones es la siguiente: "estúpido, falto de talento". Dicho sea esto para que nadie se rasgue las vestiduras. Es éste un artículo con intención de reírnos un rato).

El programador televisivo, cuando llega el período estival piensa que todos se han ido de vacaciones, incluidos los cerebros, y cree que puede programar lo que se le antoje. Hay algunos muy avispados, los de telecinco sobre todo, que son capaces de proporcionar, a partir de cinco minutos de vídeo, horas y horas de programación. De otra forma no se podría hacer el programa del verano, aquí hay tomate, está pasando y hormigas blancas. He visto este verano trescientas setenta y dos veces cómo desenmascaraban al presidente de la peligrosa asociación Gremio Real de Halconeros, cuyos fines son, entre otros, hacerse con el poder mundial y entregárselo a alguna peligrosa organización terrorista alienígena.

Pero el que se lleva el galardón es, sin duda, el creador del infecto concurso ¿Sabes más que un niño de primaria?. Este programa, seguramente auspiciado por los organismos públicos de educación, quieren hacernos ver que nuestros niños son más listos que los adultos, a pesar de la tan manida LOGSE. Hasta ahí ningún problema. Pero lo han hecho intentando colarnos un gol como una catedral eligiendo para tal disputa a unos individuos que difícilmente podrían atarse los cordones sin tararear la cancioncita que aprendieron de pequeños para tal menester.

El mecanismo del concurso era sencillo: El concursante elegía alguna de las asignaturas que estudían los niños en Primaria como Astronomía de 3º (sic), Geología de 2º (sic) o Arquitectura Prehistórica en las praderas de Atapuerca de 5º. De esas materias, el presentador, Ramón García, el de la capa y la Obregón, formulaba una pregunta ante la cual el concursante solía quedarse sin habla. Normalmente las primeras dejaban en muy mal lugar al sufridor que se había sometido a tal tormento, como por ejemplo, "¿Cuál era el color del caballo blanco de Santiago?" o "En este banco hay un padre y un hijo, el hijo se llama Juan y el padre ya te lo he dicho" , por lo que solicitaba el auxilio de algunos de los niños que habitaban el aula del plató ante sus mofas y burlas. De los niños hablaré después. Superadas las primeras trabas y habiéndose quedado sin comodines y por lo tanto sin ayuda infantil, el concursante quedaba a merced de las preguntas del resto de asignaturas, y era entonces cuando le preguntaban por cosas que la mayoría de niños de primaria sabe, como el peso atómico del Wolframio, el tercer diputado de Soria en la cuarta legislatura o las hectáreas que tiene la superficie de Uganda restándoles la mitad más pi al cuadrado. A estas preguntas huelga decir que los niños respondían con una displicencia que para sí querría el Dr. House, atreviéndose a escribir en sus pizarras expresiones tan castizas como "Very easy". Al final, el interfecto tenía que humillarse en público y reconocer que no es "tan listo como un niño de primaria" única afirmación en el concurso que tenía visos de realidad al haberse ofrecido voluntariamente y por unos miserables euros a semejante vilipendio.

¿Y los niños? ¡Ay , los niños!. Su estilismo (sic) pasaba del vestido de go-go de discoteca playera de una de ellas, pasando por el de típico jugador de béisbol (deporte que como todo el mundo sabe se practica en la totalidad de los recreos españoles) y acabando por la androginia de uno de ellos, habida cuenta de la melena que lucía y su voz aflautada.

Y ustedes se preguntarán, ¿y por qué lo viste, entonces? Pero es que, ¡ay! si yo no quería, pero los directivos de la cadena de Planeta (manda ... una editorial, en lugar de fomentar la lectura fomenta esta basura) pensaron que tal programa merecía un mayor autobombo y sus promociones las insertaban en todos los descansos de Los Simpsons, el único programa que se salva de toda la programación veraniega, e incluso del noticiario de Matias Prats. (¡Matías! tu quoque?). Así que no tenía más remedio que tragarme las gracias del presentador, de los niños y de aquel patán que en el ejercicio de su incompetencia sólo se le ocurría soltar una gracia en su respuesta.

Y además sigo sin saber cuál es el verbo que indica el sonido que hacen los elefantes.

2 comentarios:

Gerardo dijo...

Very easy... es "barritar"

Anónimo dijo...

Muy bueno. Me has hecho reír un buen rato. El mejor de todo lo que has escrito hasta ahora.