24 de julio de 2007

Perdido en el río

Edelmiro Pruñonosa tenía pánico al mar. Creía que a unos metros de la orilla de la playa había un gran precipicio que arrojaba el agua al abismo. De hecho no creía en la existencia de Mallorca, como tampoco de los extraterrestres. Cuando alguien le decía que la Tierra es redonda, él se burlaba diciendo que quién la sostenía. Esto le costó muchos disgustos en el colegio, pero una vez entrado en años, ya no le suponía gran problema. Se marchó a vivir al pueblo de sus padres, que era en el interior y no se molestó en darle mucha publicidad a sus creencias, con lo que vivía con el respeto y el afecto de sus vecinos. Ya se sabe que el afecto de estos depende de no conocerse demasiado entre sí y no descubrir las miserias del otro. Si bien, permanecía soltero, por miedo a que una mujer descubriera su terrible verdad y lo abandonara como hicieran otras.

Así pasaba los días y los años Edelmiro, entregado a su única pasión que era cuidar de sus campos y ver pasar los soles y las lunas.

Un buen día Edelmiro se perdió. Según un labrador que lo había visto a última hora de la tarde, se dirigía al río a sofocar el calor bochornoso que hacía esa tarde de julio y allí se le perdió la pista. Durante varios días lo anduvieron buscando por el bosque y el río, incluso en algún pantano río abajo, por si se hubiera ahogado y su cadáver estuviera flotando allí. A las tres semanas de ímprobos esfuerzos por hallarlo, se suspendió el dispositivo policial y a los pocos meses lo dieron por muerto.

Pero en mi interior sabía que Edelmiro estaba vivo, no sabía por qué, pero lo intuía. Y hoy lo he desmostrado. Estaba viendo las noticias. Han conectado con Mallorca para informarnos de que la familia real ha llegado a pasar sus vacaciones de verano y al enfocar al público que curioseaba detrás de las cámaras, he visto a Edelmiro acompañado de una mujer. Era él, estoy seguro.

Me he quedado mucho más tranquilo. Ahora sé que Mallorca sí que existe.

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