15 de julio de 2007

Las fiestas patronales

(Publicado en el número 115 del diario La Opinión de Torrent)

El año pasado convencí a un amigo para que viniera a Torrent en fiestas. He dicho bien, convencí, porque ya había estado hacía más de quince años y, a pesar de ser un crío entonces, recordaba con angustia los conciertos de Regina Dos Santos en la plaza de la libertad. Como yo le insistí en el cambio que han sufrido las fiestas en los últimos años, decidió volver a ver qué tal. La cosa empezó bien porque fuimos a ver a Coti en concierto en el Parc Central, que es uno de sus artistas preferidos. En los días sucesivos lo llevé a ver la trabucà, cenamos en una caserna de unos amigos, estuvimos hasta la madrugada en las verbenas, volvimos a cenar en una de esas improvisadas cenas que se organizan en la calle por los vecinos, me llevó él a ver otro concierto en el Parc Central, montamos una paella a lo “pensat y fet” en casa de otro amigo, vimos de cabo a rabo la bajada de moros, lo pude llevar a Misa el día de los Santos Patronos y después de la procesión y de dar por concluidas las fiestas con otra opípara cena, fuimos a ver el castillo piromusical. Como ya vamos entrando en edad, al día siguiente, después de varias jornadas de no parar en casa, dormimos hasta las tantas. Cuando volvió en sí, no paraba de hablar de lo bien que lo había pasado y de cómo se han renovado las fiestas de Torrent. -¡ Sólo faltan vaquillas!- me decía una y otra vez, ante mi asombro. –No , por Dios – le decía yo – ¡sólo falta que hagamos los encierros de San Fermín avenida arriba, avenida abajo!

En los últimos años las fiestas de Torrent han ido creciendo en participación y espectacularidad. La razón, no hace falta ser un lince para saberlo, ha sido la aparición de los moros y cristianos, que le han devuelto a las fiestas el sabor de la calle y cómo el ayuntamiento ha sabido combinar esto con conciertos, actividades culturales y espectáculos repartidos por todo el pueblo.

Pero las fiestas pueden morir de éxito. Una vez alcanzada casi la mayoría de edad podrían olvidar cómo han nacido e intentar ahogarse en una serie de férreas normas y disciplinas que dificulten el normal desarrollo de las mismas. El carácter festivo torrentino y valenciano se basa – qué le vamos a hacer– en una cascada de improvisaciones que difícilmente se somete a reglamentos y normativas y querer ponerle coto es como ponerle vallas al campo. No estoy abogando por abrir las fiestas a la irresponsabilidad y al todo vale, sino a saber conjugar el carácter popular con el sentido común. ¿Cuál es el punto de equilibrio?. Reconozco la dificultad de alcanzarlo, pero si se puede conciliar la diversión de los festeros con el descanso de los vecinos, el ser escrupulosos con la ley en los espectáculos en los que prime la seguridad y el sentido común en el resto, habremos dado un gran paso.

De no haber sido por aquellos que una noche dijeron –¿qué os parece si…? – hoy seguiríamos yendo a ver a Regina Dos Santos y a Rosita Amores a la plaza de la libertad. De todos modos, no estaría tan mal.

3 comentarios:

Tomateta i Pimentó dijo...

Me apunto a lo de las vaquillas! Aunque de todas formas, en voz baja. Creo que si no existe tradición y afición... es muy difícil crearla. ¿Qué le vamos a hacer?

Anónimo dijo...

Yo tambien me apunto a las vaquillas y a que venga marianico el corto.

Carles dijo...

Els Comilitons llevamos años detrás de la firme apuesta de complementar al barrejat con la caza del cerdo engrasado pero los ecologistas no nos dejan...