26 de julio de 2007

El tour

No pasa una etapa del Tour sin que echen a un ciclista acusado de dopaje. Ayer mismo, después de estar viendo cómo Contador intentaba atacar a Radmusen en el puerto, mientras éste, impasible en su sillín, no le cedía ni un metro y acababa demarrando y dejandolo a más de tres minutos en la general, nos enteramos de que echaron al mismísimo líder por no haberse presentado en sucesivas ocasiones al control.

Todo el mundo se rasga las vestiduras. Todos lo acusan de tramposo. ¡Usar las drogas para ser mejor! No seré yo quien diga que no tienen razón.

Pero, ¿de qué nos sorprendemos? ¿No somos nosotros los que estamos enseñando a nuestros chavales que furmarse un porro o meterse un tirito no pasa nada? Porque, digo yo, que un chaval de quince años no nace aprendido. Alguien le habrá dado el porro. Alguien le habrá dicho cómo liarlo. Alguien le habrá dicho que no pasa nada. Y no me vengan ahora con monsergas de las campañas de sensibilización, de los proyectos, de los anuncios en TV, porque eso a los chavales, se la trae... iba a decir una barbaridad.

Vivimos en una sociedad hipócrita que por un lado te dice lo que no debes hacer y por otro lado te da los medios necesarios para que hagas lo que no está bien. Decimos que no hay que fumar porros, pero luego en los programas de la tele, hacemos gracietas con si uno se lo ha fumado, que si son cigarritos de la risa, que si luego te lo paso...

Pues, eso, que tenemos lo que nos merecemos.

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