1 de julio de 2007

El hospital, els hospitalaris y Sento Beguer.


(Publicado en el último número del diario La Opinión de Torrent)

La constitución de la nueva corporación municipal ha traído pareja el anuncio de una vieja reivindicación: tendremos hospital para nuestra población. Pero, ¿es esto una buena noticia o una mala noticia?. Eso ya no está tan claro. Algunos hacen un mohín de disgusto y disimulan su enojo. Otros esbozan una sonrisa cómplice y se alegran. Ignoro el motivo de estas respuestas ante el mismo hecho. ¿Se alegrarán más los enfermos por tener más accesible un centro sanitario? ¿Se enfadarán más los sanos al tener que sufragar con sus impuestos las enfermedades de otros?.Y otra duda nos asalta, ¿ querían o no todos un hospital? En cualquier caso, el debate es estéril: tendremos hospital. Esta noticia no daría para más si no nos fijásemos en un pequeño detalle que ha pasado inadvertido para la mayoría de nuestros vecinos: ¿Cómo podía el pueblo de Torrent, que fue entregado a la Encomienda del Hospital por Jaime I, carecer de tal hospital? Esta ofensa histórica –secular más bien- ha quedado solucionada y para mayor capricho del destino, lo ha sido en el año en el que la comparsa que lleva por nombre la encomienda del Hospital, els hospitalaris, ostentan la capitanía cristiana. Setecientos cincuenta y nueve años después de recibir la carta puebla, Torrent recibe un hospital y setecientos cincuenta y nueve años después los hospitalarios vuelven a tomar el pueblo.

Pero las coincidencias no se acaban aquí. ¿Cuál era el candidato que se presentaba por el Bloc-Verds-Plataforma per l’Hospital? Sento Beguer, a la sazón uno de los miembros más ilustres de esta comparsa. Tales casualidades no pueden entenderse sino como un guiño del destino a nuestro pueblo.

Por ello, creo que este año la capitanía cristiana debería tener tales cosas en cuenta y, a pesar de ya contar con un capitán, al que se entrevistaba en estas mismas páginas en el número anterior, crear la figura de un alférez, un maestre o un caballero y que tal honor recayera en Sento Beguer. Caballero me gusta más: Caballero de la Encomienda del Hospital. Y llegados a este punto, el símil es inevitable. Pues, ¿no es el amigo Sento un Quijote de la política local, un caballero andante de nuestro ayuntamiento?

Vemos a Sento, sentado en su escaño del salón de plenos, mesándose su escasa barba, con la mirada perdida y ese esbozo de sonrisa infantil de un niño que está planeando una travesura y no podemos dejar de ver en él a nuestro Quijote particular. Los paralelismos son abundantes: Alonso Quijano “se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio”, nuestro Sento regenta una librería y es fácil verlo rodeado de libros; Don Quijote tenía como caballo a Rocinante, y Sento no tiene uno, sino dos: su auténtico dos caballos; Si Dulcinea era la mujer de los sueños del Quijote, nos consta que a Sento se le cae la baba cada vez que nombra a su Nurieta, como pudimos comprobar en la toma de posesión; El caballero de la triste figura tenía como enemigo al mago Frestón, y al bueno de Sento le ha salido como antagonista un hombre “de cuyo nombre no quiero acordarme”; Don Quijote prometió el gobierno de una ínsula a su fiel Sancho y Sento nos prometía un hospital para Torrent; y por último, mientras el hombre de la Mancha luchaba contra molinos de viento, liberaba galeotes o volaba sobre Clavileño, Sento lucha contra la industria del juguete asiático y quiere que se clausure la cantera de la Serra Perenxisa o se desmantele el parque de aventuras en el Vedat. Bien es cierto que nos falta identificar a un escudero orondo y bonachón, pero, como afirma el dicho popular, las comparaciones son odiosas y eso lo dejamos para el imaginario personal de cada uno.

Así era Don Quijote: defensor de las causas más imposibles, soñador de un mundo un poco mejor, a sabiendas de la miseria que muchas veces nos rodea, optimista que sabe ver lo que otros no ven. Y así es Sento Beguer : un loco genial, un hombre que, si no existiera habría que inventarlo.

Arturo García

1 comentario:

Delincuente Fallero dijo...

Yo pondria en mi propia imaginación como el escudero orondo y bonachón, claramente a Lluismi.

El propio Lluismi ya comparó a Sento en el blog del BLOC con otro apasinante personaje como es Peter Pan.

Tengo el placer de tener como amigos a Sento y a Lluismi,y no me importa para nada ser uno de los "Niños Perdidos"