1 de junio de 2007

Sopa de letras

El jueves acompañé a un viejo amigo a la plaza redonda, a buscar no sé qué pájaro para emparejarlo con los que cría él en su terraza y que le han costado ya dos divorcios e innumerables problemas con los vecinos. El caso es que me encontré con un tipo bastante peculiar que me dijo que comerciante de letras y palabras.
-Mucha gente tiene conceptos - me dijo- pero le faltan términos adecuados para ellos. Yo les facilito las palabras necesarias. Otros en cambio tiene problemas con las letras y la ortografía. Yo suelo reparárselas.

A mí me pareció algo de lo más interesante, puesto que desde pequeño he tenido problemas con las h. Recuero los coscorrones que me daba el padre Faustino cuando escribía umor, onor y onra.
-A lo mejor también te fallan los conceptos y por eso chirrían las letras- me sañaló, y en ese instante me di cuenta de que soy una persona antipática y que mi familia es de lo peorcito del barrio.
-Hay que hacer algo, enseguida, doctor- puesto que aprecié en él una especie de galeno gramatical.
-Lo mejor es que me des tus h y vengas por aquí la semana que viene a ver qué he podido hacer con ellas. Conozco un taller donde las repararán.
Pero me pareció mal dejar el hueco de la h y que las g y las i cogieran frío, en especial la g que andaba pachucha ya unos meses y me fallaba con algunos verbos acabados en -ger. Así que le pédí una de repuesto, para salir del paso. Como no tenía, me dio una m que le sobraba de un antiguo cliente. Me advirtió, eso sí, que no la usara demasiado, para no tener ningún problema. Y quedamos en vernos la semana siguiente.
Me reuní de nuevo con mi amigo muy orgulloso de ver cómo iba a recuperar mi autoestima muy pronto y lo invité a comer. Le mandé un mensaje a mi mujer, pero cometí la torpeza de escribirle "estoy comiendo con H (Hugo), llegaré después" y me salió "estoy comiendo con M, llegaré después". Por motivos que no vienen al caso, M es la inicial de una antigua novia a la que mi mujer no puede ver y de la que se muestra terriblemente celosa. Así que debió creer que la estaba engañando y montó en cólera. Me llamó por teléfono y me dijo que que se marchaba con su madre y que me iba a arrepentir. Perplejo, abandoné el restaurante y me dirigí rápidamente a mi casa por si cometía alguna locura, cuando me encontré allí a la policía. Me pidieron que les dejara pasar para inspeccionar la parte trasera de mi casa. Allí cultivo algunas verduras y tengo un par de frutales. Les pregunté que por qué y me dijeron que investigaban un caso de asesinato.
- Y, ¿qué tiene eso que ver con el muerto que tengo detrás?- fue lo último que dije antes de que me esposaran. Ahora espero en una celda a que pasen treinta años mientras mi mujer se ha marchado con mi amigo el ornitólogo y mis hijos han entrado en una secta destructiva o se han hecho del Real Madrid, que aún no me ha quedado claro. ¡Malditas h!

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