6 de junio de 2007

Las elecciones

Después de las elecciones, todas las letras andaban muy revueltas. La irrupción de la coalición formada por las tildes (graves y agudas), diéresis, apóstrofes y las vocales a, e y o, había constituido una auténtica revolución en el tranquilo gobierno de las letras.
La portavoz de esta formación, una tilde diacrítica, tomó la palabra y propuso su programa de gobierno:
-Como quiera que el pueblo ha hablado y nos ha dado la mayoría, justo es, pues, que nos hagamos cargo del gobierno de la ortografía. Han sido muchos años de abandono por parte de las diferentes administraciones y ya es hora de que seamos tenidas en cuenta. Por lo tanto, a pesar de no contar con una mayoría absoluta que nos permita gobernar, os pedimos que nos otorguéis el poder con tal de llevar a cabo las reformas que el pueblo nos ha pedido.

Unos murmullos precedieron a unos comentarios de indignación. En efecto, su coalición, que había sido extraparlamentaria hasta la fecha, había conseguido la mayoría simple. Pero una mayoría insuficiente, pues se había quedado con un escaso 20 % de los sufragios. Los pactos se hacían inevitables para lograr el gobierno.

-Kompañeros - dijo la k, letra que representaba a los grupos antisistema y anarquistas de las letras- ¿keréis ser gobernadas por los ke konstriñen el lenguaje o por kontra keréis dar un poko de libertad a este mundo nuestro? ¡¡¡No a las tildes!!! ¡¡¡No al kontrol fascista de la lengua!!! ¡¡¡Abajo las normas ortográfikas!!! ¡¡¡Libertad, Libertad, Libertad!!!

Las risas se escuchaban del sector donde se encontraba la c, que veía a su hermana pequeña, con una exigua representación en el congreso, intentar dar una vuelta de tuerca más en sus absurdas aspiraciones.
Las reuniones que siguieron a estas intervenciones daban curiosos compañeros de cama: las g y las j, enfrentadas durante décadas, querían evitar que la ñ, símbolo del estado centralista, les arrebatara las pocas cuotas de poder que les quedaban. Las f, x y la y que habían quedado fuera del arco parlamentario, habían prometido no pactar con la w por sus guiños a las políticas europeístas y veían cómo ésta pactaba con la d y la q la política lingüística, con gran enfado de los nacionalistas de la ny.

La h contemplaba en silencio todo este jaleo.



Y sufría.

1 comentario:

Shoshana dijo...

uee que historia mas chula!!