1 de junio de 2007

El recuerdo justiciero

Soy un recuerdo de algo que nunca ha ocurrido y me falta algo. Tal vez ese algo sea haber sucedido en algún tiempo. Pero, ¿qué más da?. ¿Acaso podemos demostrar la existencia real de lo que nos evocan los recuerdos?. ¿No son, quizá, los recuerdos olvidados, vestigios de nada, fósiles de nuestra inexistencia, arqueología de la antihistoria?
Deambulando por la calle, observo un tipo con aspecto de comerse el mundo. Él, muy ufano, no sabe lo que ha hecho, y como hoy tengo vocación de justiciero, voy a darle su merecido. Me introduciré hábilmente en su alma para que sepa lo que es un mal recuerdo. Ahora entra en un bar y se pide un whisky. ¡Ah, canalla! ¡cuántas veces habrás olvidado tus infidelidades bañándolas en alcohol!. Me sumerjo en el escocés de doce años y trepo hasta su garganta para llegar allí donde se juntan los recuerdos y las frustraciones-pues bien sabido es que las frustraciones y los recuerdos están compuestos del mismo material y se guardan juntas, diferenciándose únicamente por su sabor: los primeros saben a tarta de almendra y los segundos a vinagre-. Allí me escondo unos instantes hasta que veo que se abre la puerta de la nostalgia debido a los efluvios del alcohol y al escote prominente de la camarera. En un rápido movimiento y aprovechando el descuido de una fantasía erótica, me adelanto y entro en su alma. Está muy oscuro y eso me da más coraje. Poco a poco empiezo a impregnarlo todo de mí y me voy insertando en cada uno de los rincones de su vida. Le voy haciendo recordar todo aquello que no ha hecho: empiezo con delitos menores, como pequeños hurtos en la infancia. Pero, como quiera que eso sólo le provoca una ligera sonrisa, voy a mayores y le envío la bomba: introdujo arsénico en la medicación de su padre unos meses antes de que muriese. Ahora sí. Se ha quedado de piedra. Sale a la calle después de abonar su consumición y se aleja como un zombi. Vaya, me ha gustado, creo que ahora visitaré al médico que firmó la defunción y le regalaré el remordimiento por su complicidad en este no crimen.

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