1 de junio de 2007

El bolsillo

El otro día iba caminando por la calle. Digo caminando para expresar que no iba volando ni flotando, pues es bien sabido que en esta época del año es fácil ver burros volando. Iba caminando. Como hacía un frío que pelaba, llevaba las manos dentro del abrigo y descubrí que tenía un pequeño agujero en el forro. Metía los deditos con infantil ilusión y poquito a poquito el roto iba creciendo. Llegó un momento en que toda la mano me cabía y así logré meter el brazo entero, pero me asuste cuando vi que salía por la chaqueta del hombre de al lado, que me miraba con aires de "nosabeustedaquiénestásobando"
Entonces hui desesperadamente hacia atrás, que es como huimos los cobardes y me refugié en un bar en el que pese a estar prohibido fumar, todos permanecían sin hacerlo.
POr la tele una presentadora de tv se empeñaba en que mandásemos un sms para expulsar a algún marrano de un programa. El caso es que me miró tanto que pensé que realmente podía estar viéndome. Recordé el incidente del bolsillo y volví a meterme la mano por el forro. No tardé en encontrar el camino hasta el forro de la chaqueta que llevaba la presentadora y comencé a manosearla con perversión. La pobre chica, desconociendo de dónde venía esa violación de su intimidad, no sabía dónde meterse así que devolvió la conexión a Sant Cugat.
El problema es que mi mano sigue en su chaqueta y me han dicho que el equipo de cirujanos que le implantó el rostro a aquella mujer piensa amputarme el brazo. Ahora qur había aprendido a tocar la guitarra...

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