24 de mayo de 2008

Yo me uno , ¿y tú?

Quiero unirme al manifiesto firmado por entidades y Ayuntamiento de re chazo a la manifestación contra los inmigrantes.




MANIFIESTO CONTRA LA XENOFOBIA Y EL RACISMO HACIA LOS INMIGRANTES

Nosotros, vecinos y vecinas de Torrent, procedentes del mismo Torrent así como de todos los rincones del mundo, de los más próximos a los más lejanos; nos reunimos hoy aquí para poner de manifiesto que Torrent es una ciudad acogedora, diversa y abierta a las diferencias, tolerante, alegre y participativa.

Por nuestro convencimiento de que se debe trabajar día a día por la convivencia en un Torrent más dinámico, y con el fin de luchar contra los actos xenófobos y racistas, MANIFESTAMOS que:

Ø El racismo, la xenofobia y otras manifestaciones de intolerancia son el resultado del desconocimiento y la incomprensión.

Ø El derecho a la igualdad ante la ley constituye un derecho reconocido en la Declaración Universal de Derechos Humanos y en nuestra Constitución.

Ø La sociedad torrentina trabaja por vivir en una sociedad en la que se promuevan los principios y valores de la libertad, la tolerancia, la igualdad, la solidaridad, la justicia, el pluralismo y el respeto a la diversidad.

Ø Insistimos en que cualquier amenaza o ataque a una persona o colectivo es una amenaza o ataque a todo el conjunto de ciudadanos de Torrent.

Y por ello:

Ø Exigimos firmemente a la Delegación del Gobierno de la Comunidad Valenciana que no autorice la manifestación de ninguna formación política que promueva actitudes o acciones contrarias a los intereses compartidos y manifestados en este documento en nuestro municipio.

ALCALDESA DE TORRENT

GRUPO POPULAR

GRUPO SOCIALISTA

GRUPO BLOC-VERDS-PLATAFORMA PER L´HOSPITAL

ASOCIACIÓN CULTURAL DEPORTIVA ECUATORIANOS DE TORRENT

RESIDENTES ARGENTINOS EN TORRENT

CENTRO ISLÁMICO TORRENT

FUNDACIÓN GENTE AFRICANA

MIEMBROS DE LA COMISIÓN TÉCNICA DE PLAN MUNICIPAL DE CONVIVENCIA E INTEGRACIÓN DE CULTURAS

19 de mayo de 2008

Coca-Cola

Hace unos meses vi un reportaje en TV sobre la Coca-Cola. Me llamó la atención una historia que no conocía.En 1985, Coca-Cola, que hasta entonces había sido líder indiscutible en ventas de refresco en los Estados Unidos, comenzó a verle las orejas al lobo cuando se le acercó muy de cerca su gran competidor, Pepsi. La campaña de Pepsi se había basado en demostrar con catas ciegas que su sabor era preferido por los consumidores frente al de la marca de Atlanta. En Coca-Cola pensaron que había que hacer algo y decidieron modificar la fórmula de la popular bebida para acercarla al sabor de la Pepsi, que, por lo visto, gustaba más al ser más dulce. Así que el 23 de abril, la compañía sacó al mercado la "New Coke" con un sabor basado en la Coca-Cola light, mientras que dejó de fabricar la coca-cola "tradicional". El resultado fue un sonoro fracaso en ventas. Los clientes de Coca-Cola, defraudados por el cambio, se pasaron a Pepsi y abandonaron la "New Coke" que cayó en picado, mientras los directivos de la marca se tiraban de los pelos y se preguntaban si el gran gestor de esta idea, Roberto Goizueta, no sería un topo de la Pepsi. Así que en un arresto de dignidad, decidieron reemprender la elaboración de la Coca-Cola de siempre, a la que rebautizaron como "Coca-Cola Classic". El mercado americano, siempre tan sorprendente, respondió consumiendo en masa la nueva-antigua bebida y superando en ventas no sólo a la Pepsi, sino a la misma Coca-Cola de hace unos meses, convirtiendo en millonario a Goizueta, por superar las ventas y cumplir el objetivo con el que se planeó la campaña. En este momento del reportaje, el locutor planteaba la siguiente pregunta: ¿Era Goizueta un tremendo inútil, al que sólo la suerte le había dado la victoria o era un genio que había planeado "secuestrar" la Coca-Cola -un icono de la cultura americana- para devolvérsela con honores y subir así las ventas?. La pregunta quedaba en el aire.

Andan ahora los principales partidos en plena campaña pre-congresual (a diferentes niveles cada uno) y muchos de los argumentos que esgrimen algunos sectores se basan en imitar cuestiones que hace el contrario para poder ganar las elecciones (acercamiento a nacionalismos, agua, grandes eventos, política antiterrorista y territorial...). Bueno sería que se acuerden de esta pequeña anécdota y que si para vender más la Coca-Cola hay que hacerla más parecida a la Pepsi, ¿para qué queremos la C0ca-Cola entonces?.

10 de mayo de 2008

Olor a murta

(Publicado en el último número del diario La Opinión de Torrent)

Es llegar el mes de mayo y las calles parecen otras. Son las mismas que hace unas semanas, pero algo hay de diferente en ellas y hace que nosotros mismos seamos otros. Podríamos achacarlo al cambio de hora y que cada día las tardes se vayan alargando. O tal vez a que ya hayamos ido abandonando las chaquetas y abrigos para dar rienda suelta a la ropa más fresca y ligera. Incluso a que ya vamos intuyendo el verano y con él las ansiadas vacaciones que tanto esperamos. Pero en el fondo sabemos que no. Lo que ha cambiado en nuestras calles es el olor. Huele a murta.

Y es que con la llegada de este mes nuestro pueblo saca a la calle sus mejores galas. Todo comienza el primer domingo, con la fiesta de la Virgen del Rosario, y viene a concluir con el Corpus, pero su eclosión coincide con el segundo, en el día de la patrona, de la Mare de Déu dels Desemparats. Son éstas, más allá de creencias personales, celebraciones en las que uno puede captar el sentir de un pueblo. Bien es cierto que en muchas ocasiones el fervor popular se aleja de la ortodoxia católica, pero tal vez ésa sea la grandeza de estas festividades, pues saben llegar a personas de toda condición, nacidos en el pueblo y recién llegados, mayores y jóvenes, potentados y humildes, hasta, si me apuran, ateos y creyentes.

Conozco a mucha gente que ama este pueblo. De hecho, en todos los lugares hay gente enamorada de su tierra a la que no podrían sacar de allí de ninguna de las maneras. No es que sea éste un caso excepcional, por lo que aquí también tenemos personas que no sabrían vivir lejos de Torrent. En una ocasión escuché a una de estas personas afirmar que cada vez que bajaba del metro en la estación y observaba que había gente que continuaba hacia los pueblos de la Ribera, sentía lástima por ellos por no vivir en Torrent. ¿Qué es lo que hace de Torrent un lugar así? Seguramente cada uno tenga su opinión: Algunos dirán que es el Vedat y sus rincones. Otros más golosos opinen que será una opípara ración de “rossejat” acompañados de las fabulosas crestas de la pastelería de Isidro Pérez. Habrá incluso quien piense que el sonido acompasado del tañido de las campanas de la Asunción les provoca este efecto. Pero yo tengo claro que es el embriagador aroma de la murta recién cortada antes de una procesión. Produce en mí un efecto instantáneo. Ya puede uno ir embutido en miles de problemas, en cientos de agobios o en innumerables vicisitudes. Es acercarse a la plaza, sentir el olor de la murta y desvanecerse todo aquello que nos estaba apurando minutos antes. Si a ello le sumamos el inconfundible sonido de la banda que acompaña a la procesión, uno empieza a pensar que para qué irse de vacaciones, si ya estamos en el paraíso.

Así que me va a permitir que le sugiera que este domingo, día de la Virgen de los Desamparados –dado que la Virgen del Rosario fue el pasado- se acerque a las calles por las que pasará la imagen de la Virgen. Huela la murta y las flores mezclada con el aroma de azahar que desprenden los campos que aún se conservan en el Safranar. Deslícese por las esquinas y déjese empapar por esta mezcla de sensaciones que provoca la murta, la música, el fervor y la pólvora. Y luego, cuando vaya hacia su casa, despacio, piense si, de verdad, le gustaría estar en otro lugar.

7 de mayo de 2008

Por tantos

¿Saben? Yo voy a marcar la "x" en la casilla de la Renta dedicada a la Iglesia Católica. Más allá de prejuicios trasnochados y discursos anticlericales, más allá de si la Iglesia (o la cúpula de los obispos) se inmiscuye o no en política (qué pocas críticas del PSOE se han oído al leer la pastoral del Cardenal de Valencia criticando la política de inmigración basada en contratos de integración y cuántas se oyen cuando critica la política antiterrorista actual), más allá de los casos particulares de "un cura de mi pueblo que bebía" u "otro del pueblo de mi madre se iba de ...", más allá de todo eso, la Iglesia hace mucho bien a nuestra sociedad. Mantiene un legado histórico y cultural valiosísimo, realiza innumerables acciones sociales en todos los campos de nuestra vida, asiste a personas de toda condición, raza, religión y situación, acompaña a miles de familias en su día a día y en definitiva transmite un mensaje de amor, que es el mensaje de Jesús.
A todo esto le podemos añadir que marcar la "x" en la casilla de la Iglesia Católica es compatible con marcar la casilla de "otros fines sociales" (qué poca propaganda se hace de esta posibilidad por parte de quienes apoyan la otra casilla, pero recuérdenlo: se puede marcar las dos sin pagar más impuestos) por lo que usted puede hacerlo con una, con otra, con las dos o con ninguna y no por ello subirá o bajará su aportación.
Si desea saber algo más, le dejo este enlace, que forma parte de la campaña que la Iglesia ha organizado para concienciar a la gente de que marque la casilla. Yo lo voy a hacer.

5 de mayo de 2008

Mi primer y único cero

Recuerdo con mucho cariño mi primer y único cero en el colegio. Era en 2º de B.U.P. en Química. Había estado estudiando todo el fin de semana la formulación y se me atragantaba bastante aquello de la IUPAC y Stock (creo que se decía así). Así que me tuve que aplicar e hincar los codos. Salí bastante contento de casa y llegué pronto al colegio. Nos repartieron el examen y parecía sencillo: algunas fórmulas para escribir su nomenclatura y al revés. Acabé el primero y lo entregué, confiado, a la profesora que parecía contenta con mi rapidez. Me sugirió corregirlo de inmediato. Asistí con la cabeza y al minuto me lo entregó con una cara mezcla de incredulidad y ternura: -Tienes un cero, Arturo- me dijo mientras me lo alcanzaba. No sabía dónde meterme y entonces la profesora me fue explicando uno por uno todos los errores cometidos
-Mira, aquí te has equivocado con la valencia, aquí con el sufijo, esto no es una base- y así fue desgranando todos y cada uno de los fallos que habían provocado la nota monda y lironda que acompañaba mi nombre. Al final me dijo que se notaba que había estudiado porque los pasos que había hecho eran correctos, pero que siempre me equivocaba en alguna tontería y eso hacía que el resultado estuviera mal. Entonces las notas eran claras, o estaba bien o estaba mal. Hoy en día, con las milongas de la LOGSE y no traumatizar a los niños me hubieran puesto un 3 o un 4, pero aquello era así: Un fallo y a la calle.
Desde aquel día me di cuenta de dos cosas: Una, que ya podía empezar a aplicarme con las Letras, porque con las Ciencias comenzaba a vislumbrarse un futuro nada halagüeño. Dos, que una palabra amable y cariñosa puede hacer mucho más por un niño que cientos de riñas y broncas.
Aquella profesora se llamaba Amparo Castelló y falleció la semana pasada.
Yo soy de los que piensan que ir a un colegio u otro imprime carácter. No es que sea mejor ni peor, sino que al formar parte de ti durante tantos años, te deja una impronta que difícilmente se borra. A veces es para bien, a veces puede ser para mal. A mí, el ir a un colegio como Monte-Sión me marcó, será por los años pasados allí, por los amigos hechos, por las experiencias acumuladas o por el testimonio de tantos y tantos profesores que han ido acercándose a ti e intentando ayudarte. Sería injusto empezar a nombrarlos a todos, porque la memoria es flaca y siempre acaba dejando a algunos, del mismo modo que es injusto acudir a aquellos que ya se han ido y no haberlo hecho en vida. Pero esta mañana, al escribir estas líneas, no quería dejar pasar la oportunidad de recordar aquel cero que un día me puso Amparo, que tal vez me espabiló más de lo que yo en aquel momento pude percibir. Hacía tiempo que no la veía y cuando lo hacía siempre me quedaba con ganas de contarle: "me he casado, voy a tener una hija, trabajo en un colegio...". Ayer nos contaron que se había marchado y nos lamentábamos de que, una vez más, se vayan sin casi despedirse, sin darnos tiempo a darles las gracias.
Gracias, Amparo.

26 de abril de 2008

Al hilo del “pacte cívic”

(Publicado en el diario La Opinión de Torrent)

Mientras los partidos de nuestra localidad se lanzan los trastos a la cabeza acerca de la implantación del “Pacte Cívic” –un acuerdo de los partidos, asociaciones y vecinos para lograr un Torrent más habitable e impulsar los valores cívicos- me parece interesante lanzar algunas observaciones acerca de nuestro “Torrent, ciutat cívica”:

· Existe en nuestras calles una cierta sensación de impunidad ante algunas actitudes, como la de muchos jóvenes que pasean con sus motos a escape libre o sus vehículos dotados con impresionantes equipos de sonido. La solución de liarse a tiros con estos chavales no parece tampoco muy afortunada. Del mismo modo, no podemos estar todo el día colgados del teléfono para avisar a la policía de que nos están molestando. El descanso de nuestros vecinos no puede depender del estado de ánimo de algunos alocados muchachos ni de la impaciencia de sus sufridos vecinos, sino del civismo de todos.

· Zapatero ha nombrado más ministras que ministros. Esta singular idea ha gozado de tantos partidarios como detractores. Es muy curioso que después de aplaudir la iniciativa muchos de los que lo hacen utilicen después los argumentos de “demasiado joven” o “¿qué méritos ha hecho?” para criticar que la alcaldesa ostente la vara de mando o haya alcanzado un escaño en las Cortes. Semejante acto de hipocresía los tenemos a decenas en nuestro pueblo. Que se hagan mirar cómo va su cinismo, perdón, su civismo.

· Plantea el “pacte cívic”, que suscribieron la totalidad de grupos políticos, la creación de la figura del “Defensor del ciudadano”. Este propósito, en principio loable, nunca debería servir para establecer un parapeto entre los concejales y el pueblo. Cada uno de los veinticinco concejales han sido elegidos para ser los defensores de todos nuestros vecinos, independientemente de a quién hayan votado. No vayamos ahora a quitarles a los torrentinos la oportunidad de tener un acceso directo a quien es capaz de solucionar los problemas que padecen en su día a día. No convirtamos el civismo en eludir responsabilidades.

· Si el civismo se puede definir (según la XXIIª edición del Diccionario de la RAE) por “comportamiento respetuoso por las normas de convivencia pública” , ¿ a santo de qué se obliga a retirar un crucifijo de un local parroquial en el transcurso de las últimas elecciones?. La Ley obliga a hacerlo con la propaganda electoral, y hasta el momento, INRI no son las siglas de ningún partido, por mucho que a más de uno (dentro y fuera de la Iglesia, no se vayan a pensar) le gustara. Si a estas alturas un crucifijo ofende a alguien, que se haga mirar cómo va su cinismo. Vaya, ya me he vuelto a equivocar, su civismo.

· Muchos de nuestros mayores se quejan de que en los parques y plazas los niños juegan al fútbol a pesar de la prohibición. Necesitamos con urgencia zonas donde practicar deporte y los niños puedan explayarse. Si usted se acerca a Picanya, las pistas que hay a la entrada son un buen modelo. El civismo también incluye el fomento de actividades saludables.

Torrent es una ciudad cívica, pero la pregunta es, ¿lo somos nosotros también?.

22 de abril de 2008

El invento del maligno

No suelo hacer copia y pega, pero cada artículo de Jose Javier Esparza (tiene una columna en los diarios de Vocento) merece mi lectura y en esta ocasión, la cita:



Será con toda seguridad una de las emisiones más vistas del año: la final de la copa del Rey de fútbol entre el Getafe y el Valencia marcó una extraordinaria cuota de pantalla del 41%, que equivale a casi 8 millones de espectadores. Como es sabido, el Valencia ganó 3-1 y conquistó el trofeo. Ello fue a pesar de las ostensibles preferencias del equipo que comentaba el partido de Telecinco, compuesto por J. J. Santos, Benito Floro y Vicente del Bosque. Rara vez se ha visto a unos comentaristas más parciales o, si se prefiere, menos neutrales que los de la cadena de Fuencarral. Hoy era la comidilla de todos los foros: si por J.J. y compañía fuera, el Valencia habría jugado con las manos atadas a la espalda, una venda en los ojos y herraduras en las botas. Porque, hombre, es verdad que la machada del Getafe con el Bayern nos predispuso a todos a la mayor de las simpatías hacia los madrileños, pero el Valencia también tiene su corazoncito, ¿no?

La ‘getafina’ empezó con unas declaraciones del Rey, inoportunas donde las haya, y los chicos de Telecinco, quizá por lo monárquicos que son, siguieron a pies juntillas la consigna: el Getafe tiene que ganar. Cuando después de diez minutos ganaba el Valencia 2-0, Santos y compañía sólo tenían palabras de elogio para el equipo que iba perdiendo, no para el que iba ganando. Cada falta que el Valencia hacía era magnificada por el locutor hasta el límite del homicidio, e inversamente, las innumerables faltas del Getafe, bastante más duras, eran silenciadas como si no hubieran existido. Cuando el Valencia hizo un penalti, a Santos le faltaron aumentativos para subrayar, no menos de diez veces, lo “durísima” que había sido la entrada; el delirio llegó al extremo de que Santos proclamó héroe del partido al pelirrojo juez de línea que señaló la pena máxima. Inversamente, cuando a Villa le hicieron un penalti que el árbitro dejó sin pitar, Santos se apresuró a negar su existencia hasta que uno de sus “asesores”, con voz cohibida, osó calificarlo como tal. Pero lo más gordo llegó al final, ya con el 3-1 en el marcador, cuando una bestia llamada Celestini se lanzó contra Silva, cuyas piernas habían sido pateadas sin piedad por el Getafe en pleno desde el minuto uno. En tal trance, que costó la expulsión al agresor, la reacción de Santos fue antológica: “claro, Silva ha hecho ahí dos regates…”, decía Santos, como si la víctima hubiera ido provocando; “con tarjeta amarilla igual habría estado bien”, añadía el locutor, exculpando al getafeño de pierna ligera. En ese momento a ningún espectador le habría extrañado ver a J.J. descender al césped y abalanzarse contra Silva para terminar el trabajo que Celestini empezó. Que no se extrañe J.J. Santos si en Valencia, el próximo marzo, le ponen una falla.


Catarsis

Al Valencia le pasa como a los malos estudiantes, que siempre se están reinventando. Vienen las malas notas (los malos resultados) y a continuación de la soporífera bronca de papá llegan las promesas: " ¡a partir de ahora voy a estudiar!", "te prometo que no volverá a pasar" y tal. Lo que ocurre es que el siguiente trimestre adolecía de los mismos errores corregidos y aumentados.
Ahora, en la enésima reestructuración del club le vemos las orejas al lobo y podemos repetir curso, cuando siempre hemos sido de notable (la frase más utilizada por las madres para excusar a sus hijos).
A ver si Voro nos saca del pozo. Con Albelda, claro.

21 de abril de 2008

Impunidad

He andado todo el fin de semana pensando en qué está ocurriendo en nuestras calles cuando un vecino le ha disparado a dos jóvenes porque le molestaban con sus motos. No vamos a entrar a juzgar la actuación de cada uno de ellos, porque la información que nos da la prensa es escueta, aunque es claro que liarse a tiros parece algo desproporcionado ante los caballitos de un ciclomotor.
Y digo que qué está pasando en nuestras calles, dejando ahora de lado el lamentable suceso de la semana pasada, porque quién de nosotros no se ha visto totalmente impotente ante la impunidad de algunas cosas que ocurrían bajo de nuestras ventanas. Fíjense en estos ejemplos si no: Tengo un amigo que vive en una plaza muy concurrida de nuestra ciudad. La plaza es tan grande que da para que los chavales jueguen al fútbol ( a pesar de la estéril prohibición que plasma una señal), las madres paseen con sus retoños en el parque que hay instalado, los mayores ejerciten sus articulaciones con esos modernos aparatos de gimnasia y... un nutrido grupo de jóvenes practique la capacidad aeróbica de sus pulmones y la velocidad a la que se degeneran sus neuronas con las indudables virtudes del THC presente en los cigarrillos que alegremente lían, pasan, chupan y apuran. Nada nuevo bajo el sol, por otra parte. Sólo que cuando mi amigo intenta acceder al patio de su casa okupado por estos fumetas, prácticamente tiene que solicitar por escrito y duplicado una instancia para que le dejen libre el ínfimo espacio necesario para poder cruzar el umbral de su puerta sin ser objetivo de algún esputo. En alguna ocasión ha venido bien entrada la noche algún coche de alta gama, sin duda adquirido con los ímprobos esfuerzos de su dueño que se habrá deslomado trabajando de forma totalmente legal, y conecta su estupendo equipo estéreo surround mientras reparte jovialmente su carga de rulas y similares ante el jaleo de su entregada y enfervorecida clientela. Como quiera que les debe gustar más que a ellos mismos una tiza el estruendo que viene a continuación ha obligado a que mi amigo haya hecho uso del teléfono para avisar a la policía- tanto local como nacional-. La policía siempre viene y no vayan a pensar que los chavales se han hecho sus necesidades encima, como dirían los castizos, sino que más bien ha sido un premio el hecho de abrirse los bolsillos, enseñar sus carteras e identificarse entre burlas, chistes y risas. Los agentes, haciendo de tripas corazón y mordiéndose la lengua para no tener que darle un guantazo a estos críos, les obligan a parar la radio y alguna vez se incautan de algo, pues los muchachos saben dónde esconderlo bien para que no se lo pillen. Al marcharse la patrulla, la mejor de las veces la música vuelve al nivel donde estaba antes, cuando no más para darle un recadito al que ha avisado y dejarle bien claro quién manda allí.
Y no vayan a pensar que esto es patrimonio de la muchachada. Tengo cerca de casa el placer de la compañía de un vecino que acababa de adquirir un nuevo vehículo (¡también de alta gama!) con un equipo de música que para sí quisiera el vetusto Mestalla. La noche de San José consideró que a las cinco de la mañana, cuando ya los casales echaban el cierre, era un buen momento para ponernos el mítico álbum The Wall, de Pink Floyd, y ensayar sus coreografías con la mirada puesta, sin duda, en presentarse a los cástings de ¡Fama!. Una vez concluyó su número se dedicó a lanzar cosas a la calle desde su garaje, insultar a todo el que pasaba y amenazar a uno que nada tenía que ver. Este vecino hace tiempo que dejó el colegio (seguro que a tenor de lo visto, más pronto de lo necesario) por lo que no se le puede achacar su demencia a su alocada juventud, ya que tiene pinta de acordarse de la muerte de Carrero Blanco y del festival de Eurovisión de Massiel. Desde entonces no hay semana que no goce de compartir su música preferida (Tina Turner, Manu Tenorio, etc...) con toda la vecindad. También la policía ha venido alguna vez y le ha obligado a parar la música o dejar el coche, pero a los cinco minutos de marcharse ha vuelto a las andadas, ante mi atónita mirada furtiva a través del balcón.
Seguro que ahora a usted se le ocurren más de un ejemplo similar. ¿qué cómo se soluciona esto? Si le soy sincero la mayor parte de las respuestas que se me ocurren son anticonstitucionales e ilegales, así que mejor me las guardo para mí.
Y si usted es el del coche, no sea asín y baje la música.

14 de abril de 2008

¡Amunt!

Yo soy de los que creen que la esperanza es lo último que se pierde (no me refiero a Aguirre, no se vayan a pensar). Y es por eso que estoy convencido de que el miércoles vamos a ganar la Copa del Rey. Muchos son los paralelismos entre la final de este año y la del 95 contra el Dépor. Al igual que en este año, aquel año el Valencia consumaba un sonoro fracaso después de fichar a muchos jugadores y un entrenador que "vestía con frac" en palabras del presidente, al que acabaron echando mediada la temporada. También el rival venía crecido después de haber sido subcampeón de Liga -merced a su indolencia, todo hay que decirlo, por mucho que le echen la culpa al Valencia- y nuestro equipo no sabía a qué jugaba. La final tiene como escenario Madrid y se anuncian lluvias y todos recordamos la tormenta que aguó la final a falta de diez minutos (y una más que probable victoria nuestra a tenor de cómo iba el partido) en el Santiago Bernabéu. Y casi al final de la temporada el entrenador de aquel entonces (un hombre de la casa, José Manuel Rielo) sabía que no sería quien dirigiría al equipo en la siguiente campaña.
Pero hay una cuestión que la hace diferente a entonces: En aquel partido el Dépor era el rival a batir y en este encuentro el rival será ...el propio Valencia. Ayer mencionaba el deseo que muchos aficionados tienen de perder la final con tal de echar a Koeman. -¡No!-les digo- ¡que lo echen después si quieren, pero que ganen la Copa!. La afición practicamente ha dejado de creer en el equipo, de ahí el desdén con el que se les recibe y despide en Mestalla. Los que vamos al campo, manteniendo la ilusión de ver ganar al VCF, ¿cuándo fue la última vez que lo vi ganar?, nos marchamos con avidez cuando el árbitro señala el final del partido y me parece que ése es el peor silbido que se lleva un futbolista: la pasividad con que se acoge la derrota. Por ello creo que el amor propio de los futbolistas (si es que de verdad lo tienen, claro) es el único que les puede llevar a conseguir una nueva copa. Además está el tema que anunciaba el Miope en su blog la semana pasada: ahora somos los malos de la película, porque toda España quiere que gane el Geta la final, para resarcirles por la eliminación (¡justísima!) contra el Bayern. Nadie recuerda las dos finales perdidas en la Champions, porque el fútbol nunca ha practicado la justicia ni la caridad. Si fuera así, el Levante estaría salvado matemáticamente, dado que tiene al entrenador con más coraje de toda la primera división.
El míercoles iré a la plaza a verlo por la pantalla, tengo entrada para ir al Calderón, pero las obligaciones familiares me impiden ausentarme tanto tiempo. A ver si mi hija ha venido con una Copa bajo el brazo.
¿y si perdemos? Bueno, en estos casos, com diu ma tia: "No patiu, xiquets, que demà el pa està al mateix preu"