Las bicicletas son para el verano


Recuerdo que de pequeño envidiaba a los niños que circulaban en bicicleta por la calle. El hecho de vivir en un piso y en una calle más que concurrida convertía el ejercicio del ciclismo en algo prohibitivo. Ahora bien, en cuanto asomaba el verano y huíamos de la ciudad, la bicicleta se convertía en nuestro apéndice, de manera que no entendíamos ir caminando a ningún lado, sino que cualquier trayecto, por pequeño que fuera, era recorrido con las dos ruedas de nuestras bicis. Entonces, el título de la obra de teatro de Fernán Gómez era idóneo para resumir la idea que transmite este artículo: las bicicletas son para el verano, puesto que en invierno no podíamos montarlas.
Llegó la modernidad y los carriles-bici y volvió la bicicleta a nuestras vidas. Pero para entonces las ciudades ya habían sido tomadas literalmente por los coches y la práctica de montar en bici se había convertido en una actividad más bien peligrosa. A pesar de los días internacionales sin coche – que se celebran en domingo, para más inri - , a pesar de vivir en una ciudad y una comarca llana que permite el desplazamiento en bici a todas partes, a pesar del tan cacareado cambio climático y la necesidad de aparcar el coche, a pesar de las agradables temperaturas que permiten hacerlo prácticamente durante todo el año, a pesar de que nuestra vida es cada vez más sedentaria, a pesar de tantas y tantas razones para poder ir en ciclo, lo cierto es que no lo hacemos, o al menos, no tanto como debiéramos, y seguimos yendo en coche hasta para comprar el pan (compruébese un domingo a cualquier hora en la puerta de Opencor).
En esa estábamos cuando se presenta el alquiler de bicis en nuestra población y en otras de la comarca. Si mal no lo he entendido, el proyecto consiste en coger la bicicleta, poder circular con ella por todo el pueblo, para dejarla después en alguno de los puntos que existen a tal efecto. No parece mala idea fomentar su uso, aunque, claro, siempre encontramos el pero. Ya hemos sacado a relucir nuestra proverbial educación y hemos pensado en si las bicicletas durarán mucho tiempo en la calle, si alguien las sustraerá o si los que las usen lo harán correctamente. No sé a qué se debe ese malpensar, pero si repasamos un poco cómo nos comportamos por la calle, podemos encontrar la razón. Es frecuente encontrar gente de diversas edades comportándose de la manera más vandálica por la calle, y no sólo se trata de gente joven. Hace un par de noches, créanme si les digo que casi eran más de las once, un par de madres charlaban animosamente mientras sus hijos, que no superaban los cinco años, golpeaban un tobogán que se acababa de instalar e intentaban arrancar alguna de sus piezas con saña
Como no se trata de hacer aquí una antología del disparate vandálico, vayamos terminando: Está muy bien que exijamos a las administraciones que nos faciliten el uso de la bicicleta, que mejoren el transporte público e instalen parques, jardines y zonas deportivas, pero al final somos nosotros mismos quienes los destrozamos. A ver si ahora nos luce un poco más.

Cuatro siglos

Si hacemos caso al Llibre del Repartiment, nuestra población fue donada a la Orden del Hospital en 1233, si bien no sería hasta el 28 de noviembre de 1248 cuando se otorgó la Carta Pobla a los torrentinos. Así podemos decir que Torrent nació hace 761 años, o al menos el Torrent que ya hoy conocemos: un Torrent cristiano y valenciano. Digo que al menos tal y como lo conocemos porque, como afirma Joan Fuster, de torrentinos ya habría antes de que llegasen los hospitalarios, que torrentinos también serían los que por aquí anduvieron en la Edad de Bronce , cuya huella hemos encontrado en algunos yacimientos, también serían los iberos o también aquellos que incluso la bautizaron con el topónimo de “Torrens”, como los romanos.
Dejaremos aparte la cuestión del cumpleaños de nuestro querido (¿o más bien querida?) Torrent para un artículo futuro y nos centraremos en aquello que nos ha identificado como pueblo durante estos casi ocho siglos: valencianos y cristianos.
Y es que parece que nos cuesta reconocer que hay cosas que nos definen como pueblo. Un malentendido laicismo, que quiere borrar toda huella de cuanto se acerque a la expresión de la religiosidad de un pueblo – que no tiene por qué compartir todo el mundo, faltaría más - así parece pretenderlo. No faltará quien eche de menos aquellos grandes tiempos de libertad (entiéndase que me expreso en un tono irónico, claro) en los que la guardia de asalto disolvía entierros en medio de la calle. Si no me cree a mí, consulte el excelente trabajo de documentación que ha elaborado nuestro cronista local José Royo en “Torrent i la seua prensa” para comprobar que eso ocurría en la misma época en que los apoderados de un partido tiroteaban a otro en una mesa electoral. La libertad religiosa ha brillado por su ausencia en la mayor parte del siglo anterior. Y a veces cuesta encontrarla en pleno siglo XXI. Aún hay gente que se sorprende, se indigna o se malhumora cuando se encuentra a un grupo de personas rezando el Rosario por la calle en octubre o cantando la Aurora en Navidad. Lo he visto en primera persona: coches que aceleran al paso de los cofrades que se ven obligados a saltar para conservar sus vidas, insultos desde balcones o agazapados en las barras de un bar al paso de la procesión o incluso lanzamiento de macetas desde un balcón mientras se entona el “¡Oh, qué rubio!” en una aurora.
Por eso les recomiendo que adquieran el libro que ha elaborado el propio José Royo y José Ramón Sanchis con motivo del cuarto centenario de la creación de la Cofradía del Rosario. Pocas instituciones contarán con esa antigüedad, no sólo en Torrent, sino en toda la provincia. Fíjense si no habrá habido sucesos durante estos cuatrocientos años: guerras, epidemias, persecuciones, dictaduras… pero siempre, de una manera o de otra, los jóvenes de Torrent han salido a la calle a dar testimonio de aquello que los identifica. Léanlo, búsquense y busquen a sus familiares y amigos en las fotografías que han recopilado, compártalo con los suyos y sepa que usted es un eslabón más de una larga cadena que se inició, al menos como hoy la conocemos, hace ya unos siglos. Y no tenga que avergonzarse de aquello que usted siente, quiere y respeta.
El resto no importa tanto, créame.

Torrent som tots


Un amigo se lamentaba hace unos días de que el Ayuntamiento pusiera tanto énfasis en promocionar sus actuaciones y logros que a veces le daba la sensación de que Torrent se hubiera inventado en 2007 y que lo anterior a esta fecha no existía. Uno de ellos habría sido el anuncio a bombo y platillo del descubrimiento de una capilla en el interior de la Torre que se suponía escondida, cuando lo cierto es que muchos torrentinos la recordaban y sabían que se había tapado en los ochenta. Y como este ejemplo, me desgranaba otros que, a su juicio, ilustraban esa sensación que yo consideraba exagerada. En definitiva, y ahí sí le daba la razón, me venía a decir que no se podía sentir identificado con un Torrent virtual que no tiene una conexión con su historia y su pasado. Ahí terminó nuestra conversación y nos despedimos.
Al llegar a casa, encendí el ordenador y repasé la actualidad de nuestra ciudad en internet. Leyendo algunas notas de prensa y la opinión de algunos socialistas, tuve una sensación totalmente diferente a la de mi amigo. En teología existe una palabra de origen griego que explica bien lo que quiero decir. Esa palabra es “Parusía” y se refiere a la segunda venida de Cristo en la plenitud de los tiempos. Pues bien, ésa fue la sensación que a mí me embargó al leerlo. Parecía entonces que el pueblo, nuestro Torrent, no es que se fundase en 2007, es que sólo existió hasta entonces. Hasta aquel funesto mes de mayo en que perdieron la alcaldía no había problema alguno en nuestras calles y todos los vecinos caminaban abrazados por la Avenida de cuyo nombre había un consenso generalizado y que fue unánimemente ratificado por los torrentinos. Sólo hasta esa parusía que ellos esperan, hasta la “segunda venida del Salvador” continuaría la decadencia de Torrent. Algunos profetizaban esa plenitud de los tiempos en Torrent hacia 2011 –de ello ya nos ocupamos en el anterior número– cuando recuperen la alcaldía.
Sin embargo, la tarde del 9 de octubre, en la que se inauguraban la reforma de la Torre, la gente que se reunió en la plaza poco tenía que ver con estas dos actitudes. Allí podíamos ver a personas mayores que intentaban explicar a sus nietos cómo era el “porxi”, dónde estaba “Ca’l Coixo” y por qué durante años una “figuera” pendía desafiante de una de las caras de la Torre mientras los niños contemplaban atónitos a los acróbatas que descendías por sus paredes. En suma, podíamos ver a todo tipo de torrentinos que se sentían orgullosos de pertenecer a esta ciudad y de sus símbolos, felizmente recuperados para su uso y disfrute. Si además uno observa la placa institucional que se descubrió y comprueba que para financiar las obras han participado administraciones de diferente color político, no puede acabar sin afirmar que Torrent es lo que es independientemente de quién gobierne y llegará a ser lo que los torrentinos quieran que llegue a ser.
Porque usted, que es una persona seguramente sensata, sabe que las cosas no se pueden simplificar tanto. Ni el pueblo se fundó en 2007 ni se vino abajo entonces. Lo demás son cuestiones totalmente subjetivas en las que usted y yo podemos opinar, divergir e incluso discutir. Por que para eso “Torrent som tots”, ¿o no era así?

Globos sonda

(Publicado en el último número de La Opinión de Torrent)

Estuve tan tentado de escribir sobre esto en el anterior número que casi me dio rabia no haberlo hecho cuando leí en el Levante que los socialistas de Torrent barajaban la posibilidad de que Ros se presentase a las locales de 2011. Y digo que me dio rabia porque esto me lo venia yo barruntando desde que en estas mismas páginas el portavoz socialista salía en defensa del ex alcalde a cuenta de unas palabras que le había dedicado el concejal de urbanismo, Santiago Martí, en un artículo anterior. Una frase latina resumía el escrito de Veiga: “Excusatio non petita, accusatio manifesta” o lo que es lo mismo, a qué venía esa defensa a ultranza de Ros si lo único que se había dicho era que participaba en todos los acontecimientos que se producían en Torrent, para mayor sonrojo –apunto yo- de los actuales concejales socialistas y sus clamorosas ausencias.

Pues bien, ya sabemos cuál era el objetivo de aquel artículo: lanzar un globo sonda, que ya empieza a planear y del cual ya se han hecho eco otros medios, con la hipotética candidatura de Jesús Ros en 2011 para recuperar la alcaldía. Y el protagonista –no sabemos si involuntario o no- de esta historia aún no ha dicho esta boca es mía. “Ni confirmo ni desmiento” afirmaba a este periódico en su edición digital el día quince, con lo cual alimentaba aún más si cabe ese globo sonda. El segundo globo sonda que circula en poco tiempo, por cierto, con respecto a quién será candidato de los socialistas dentro de dos años.

A Ros no lo vamos a descubrir a estas alturas. Ahí está su gestión para valorarlo. Creo que hizo una gran labor en la transición de un ayuntamiento de pueblo a uno de una gran ciudad. Y aunque su cercanía y afabilidad le granjearon no pocas amistades en muchos círculos de nuestra sociedad que ha seguido cultivando posteriormente, nunca me gustó el excesivo personalismo de su política ni el paternalismo con que actuaba en los plenos. Ahora bien, volver a ser cartel de las elecciones implica otras muchas cosas más que ser un gestor con experiencia o tener el afecto de una parte del pueblo. Implica, por ejemplo, reconocer el error que supuso su deserción en 2003, que hasta ahora sólo se han atrevido a reconocer con la boca pequeña algunos socialistas. Implica también, y esto me parece lo más grave, reconocer que no hay otro candidato más idóneo en el PSOE que refleje ese espíritu de renovación y juventud que tanto se ha pregonado. E implica, por último, encomendarse a ese voto cautivo y conservador que atraía el carisma de Ros en las locales, pero que no votaba en otro tipo de elecciones y que perdió en 2007. Y si ése es el gran campo de batalla en 2011, recuperar un voto conservador para sí, creo que equivocarán la estrategia. Fundamentalmente porque seguirá siendo un voto conservador “prestado”, que no recuperarán en el futuro –es ley de vida- ni en otros comicios, con Zapatero en picado y Alarte en la inopia. Y porque estarán despreciando a un sector poblacional que no votaba cuando Ros era alcalde, que sí que lo hará ahora y que forman de más de diez mil jóvenes nacidos entre 1985 y 1993, cuando hay muchos partidos dispuestos a pescar en un voto joven y progresista, como EUPV o el BLOC.

El globo sonda ya vuela por nuestras calles. A ver quién da ahora el primer paso.

Sí fabrica para otras marcas

En negativo, ésta es la frase favorita de algunas marcas comerciales ante la avalancha de "marcas blancas" en los estantes de los supermercados y que hoy no podrá decir un tal Bañuls, concejal elegido por el PP en Benidorm, y que ha decidido promover la moción de censura para desalojar al PP del ayuntamiento. Porque mucho se habla de la culpa de la madre de Pajín, del papel de la propia Leyre o de Alarte, pero lo cierto, es que aquí el mayor estafador de todos es este tipo, que por cierto, tiene una cara de pobre hombre que no se le acaba, y que ha robado la voluntad de quienes le han votado.
Ahora muchos lamentan que no se cumpla el Pacto antitransfuguismo. Otros afirman que donde las dan las toman, por la forma en que en el 91 Zaplana llegó a la alcaldía en Benidorm gracias a la archifamosa Maruja, que aún hoy habrá fichado en el ayuntamiento de Benidorm. Unos dicen que pasa lo mismo en Dénia y otros que no es lo mismo que en Villajoyosa (yo por cierto afirmo esto último). Y finalmente hay quien dice que los concejales ex socialistas repetirán en 2011 con las siglas del PSOE.
Pero lo cierto es que Bañuls no es dueño de su acta de concejal. Se la otorgaron las personas que votaron al PP en 2011. Tan es así que, podría darse el caso de que este hombre decida dimitir por cuestiones de trabajo, de salud o por el motivo que sea y en ese caso la lista corra y vuelva al PP con lo que tendríamos la paradoja de volver a ver una moción de censura. Así que si hay algún estafador, algún ladrón y algún tramposo, ya saben quién es. Los otros sólo han cogido las nueces de un árbol que otro ha sacudido.
Esto es en Benidorm, en Dénia y en tantos sitios, en 1991, en 2009 y siempre, una vergüenza.

Y aquí en Torrent, quien parece que también fabrica para otras marcas es quien ha redactado el informe de declaración turística de nuestra población plagado de barbaridades e incorrecciones que cualquier persona con un mínimo de conocimientos podría saber. No sabemos si el encargado de hacerlo decidió que total, como esto no lo lee nadie, bien podría redactarlo un niño de cinco años, porque decir que "l'entrà de la flor" data del siglo VIII a.C. o que hubo luchas de moros y cristianos en nuestro término es más propio de una antología del disparate de los exámenes que de un informe para representar a una ciudad con la categoría de Torrent. Para hacerlo así, mejor los encargamos a los de Hacendado, que seguro que son más baratos. ("Hacendado, qué gran marca" Buenafuente dixit).

Hay que ver


En los ochenta, cuando contábamos con unos cuantos años menos, en casa se iba a comprar en carrito, si íbamos al "tandy" o con un bolso de paja si lo hacíamos a la frutería, a la carnicería o a la pescadería. Los productos que adquiríamos los depositábamos con un estricto orden basado en el peso y el volumen. Una vez a la semana -dos si nos portábamos bien o era el cumpleaños de alguien- entraba en casa una botella de casera y si nos poníamos un poco pesados, de casera-cola que canjeábamos por un pequeño estipendio (recuerdo que eran treinta pesetas) y la botella vacía de la semana anterior. Los huevos entraban en casa en una huevera de alumnio flexible a la que siempre me apeteció lanzar desde el balcón para ver si era capaz de soportar la caída y proteger a los huevos. Si por alguna de aquellas necesitábamos una bolsa de plástico, la cajera nos la cobraba, sumando la friolera de tres pesetas a la cuenta final, por lo que muchas veces, nos hacían cogerla de casa.

Llegaron los noventa y los envases de vidrio no retornables, las bolsas de plástico gratuitas y las hueveras de cartón de media y una docena. Y al tiempo empezamos a oir lo malos que éramos por no reciclar lo que antes se reciclaba y por no separar lo que antes no se mezclaba. Más tarde nos criticaron por tirar las anillas de las latas al mar sin cortar, con el consiguiente peligro para los peces que se enganchaban y yo no entendía nada porque pensaba si no sería mejor no lanzarla al mar en ninguno de los casos, sino a la basura, sin necesidad de ir con unas tijeritas rompiendo las anillas. Nos obligaron a comprar en cajas de corcho (o como demonios se llame) la fruta que antes arrojaba al fondo del bolso el frutero. Además envueltas en ruidoso celofán. Comenzaron a decirnos que consumiésemos centenares de folios para estudiar y luego nos reñían por no hacerlo en un papel rugoso, feo e incómodo para no talar más árboles. Proliferaron las tiendas de todo a cien donde por unas míseras perrillas nos vendían productos que no necesitábamos y que acababan, sí o sí, en la basura, pero luego vinieron instalando no uno ni dos sino tres o cuatro contenedores con un impacto visual enorme y nos abroncaban si no échabamos aquello que habíamos comprado sin necesitar en el departamento adecuado.

Y ahora vienen los de Carrefour diciendo que no tiremos las bolsas a los bosques, que tardan cuatrocientos años en descomponerse y que compremos bolsas hechas con patatas o con la caca de la madre que los parió. Y digo yo que si aún encontraremos bolsas tiradas por el monte con el ADN de Quevedo, a ver si podemos clonarlo y echarle la bronca por ser tan poco ecológico.

La cara oculta de la fiesta

(Publicado en La Opinión de Torrent)

Me lo contaba una vecina que vive en una de esas calles que se ven rodeadas por casales, casernas, kàbilas y locales varios y que ve encantada que las fiestas de julio alegren las calurosas noches del verano torrentino. El suceso ocurrió una de esas madrugadas en las que una verbena cercana animaba a la juventud y hacía maldecir a quien al día siguiente tenía que madrugar y, resignado, daba en vano vueltas en la cama sin poder cerrar las ventanas por la canícula estival. Iba nuestra amiga a entrar en su portal cuando se encontró a un muchacho que tan plácido realizaba su micción que no observó a tan singular testigo de su proeza. Al advertirle lo grosero de su actitud y la falta de higiene de su acción, el audaz joven se giró hacia ella de malos modos y le conminó a que dejase de mirar su órgano masculino haciendo gestos ostensibles que obviaremos reproducir aquí por el respeto que nos merecen nuestros lectores. La anécdota sólo ilustraba lo que ella consideraba la cara oculta de las fiestas, a las que ella particularmente, es bastante aficionada, ya sean los moros, Semana Santa o las fallas. Decía ella que debería existir un reglamento que evite este tipo de situaciones en las que los maleducados amedrentan a personas que en ocasiones son mayores y no pueden ni quieren defenderse de estos tipos. Y cuánta razón tenía, porque estas cosas no suelen aparecer en la prensa, ni en la televisión, como sí aparecen las trabucàs, la bajada de moros, el encuentro glorioso o la ofrenda, pero son un ingrediente que va parejo a casi todas ellas.

Ya lo hemos comentado en alguna ocasión: de nada sirve tener un cartel de lujo en conciertos, preparar grandes boatos, contratar a los mejores artistas falleros o que nuestra Semana Santa sea declarada de interés turístico si al final somos incapaces de cuidar a los que posibilitan que las fiestas se desarrollen, que no son otros que los sufridos vecinos. Ellos son los que tienen que aparcar su coche tres calles más allá porque la suya está cortada; los que no pueden abrir las ventanas a pesar de llegar a los treinta grados porque el ruido impide ver la tele o conciliar el sueño; los que tienen que limpiar los vómitos u otras cosas de dudoso gusto porque hay gentuza que ha dejado de usar los lavabos y los que tienen que aguantar que unos energúmenos estén bajo de casa dándose un baño en una piscina portátil a las cuatro de la mañana.

Nos consta que las federaciones de moros y cristianos, las fallas y en general las asociaciones intentan evitar que esto ocurra y que se trata de casos aislados que, amparados en el anonimato y la nocturnidad, dejan su pequeña huella en las fiestas que se reparten por nuestro pueblo y que, por lo tanto, son difícilmente controlables con reglamentos, normativas o decálogos que permitan que vecinos y festeros disfruten en común. Por ello me permito recomendarle a nuestra amiga que si le vuelve a pasar elija una de estas dos opciones: La primera, la más constitucional: llamar a la policía local. La segunda, la más divertida: Lanzar una buena patada en salvas sean las partes.

A ver si así se atreve a volver a mearse fuera del tiesto.

A mí no me extraña

A mí no me extraña que pase lo de este fin de semana en Pozuelo. Me refiero a que un grupo, una horda más bien, de jóvenes se líe la manta a la cabeza y se enfrente a la policía nacional e intente destrozar la comisaria. Es lo que hay y es lo que estamos criando. Más aún si se trata de niños bien que luego cuelgan en internet los vídeos. (Vaya tonto el crío que ha colgado el vídeo donde se les ve a él y a sus amigos envalentonados y que luego se ha asustado y lo ha borrado)
Yo, que de normal soy bastante cobarde, me suelo acongojar cuando algún agente de la ley me requiere. Hace un par de semanas me paró la Guardia Civil al salir del cine para hacerme un control de alcoholemia. A pesar de haber cenado una hamburguesa y una coca-cola, me puse nervioso por si daba positivo y eso que la última cerveza que había tomado había que buscarla cinco o seis días atrás. Pero, ¿y si quedaba algún resto?
Así que oír las palabras de un dirigente de un sindicato policial que habla de que a los policías se les ha perdido el respeto me sobrecoge y a la vez no me sorprende, porque hace tiempo que estamos criando una generación de chavales que no tiene ningún respeto por nada ni nadie, con aquello de "déjale que sea como él quiera".
Acabo de ver las imágenes en el televisión de un padre que justificaba a su hijo diciendo que pasaba "por ahí" pero que no había hecho nada. El día que ese niño se haga mayorcito y le pegue a él mismo (Dios quiera que no le pegue a su mujer o a sus hijos) espero que algún fiscal lo lleve a la cárcel (al padre, no al agresor) por estar "donde no tocaba".

Por eso y por bobo.

Elegía al Hotel Lido

(Publicado en la Opinión de Torrent)
Tengo un amigo que al anunciar su futuro enlace comentaba que lo haría en cierta parroquia, con cierto sacerdote y en el Hotel Lido mientras apostillaba con un “com Déu mana”. Obviaremos los primeros datos por no crear agravios comparativos, y nos quedamos con el último, el del Hotel Lido, toda vez que se acaba de anunciar su cierre. Y es que este hotel, sin menoscabo de otros, podemos decir que era uno de los dos o tres salones de referencia en Torrent y comarca. No hace falta esforzarse mucho para recordar aquel verano en que Canal Nou grabó allí el programa “Festiu” y por su piscina pasaron cantantes como Miguel Bosé y otros que, si bien a mí y a mis amigos nos traían al fresco, a nuestras amigas, entonces quinceañeras, les ocupaban el corazón y las conversaciones con el consiguiente recelo adolescente por nuestra parte.
A mí personalmente, que desconozco cuál es el panorama accionarial y empresarial del hotel, me pilla por sorpresa la decisión, más aún cuando la noche anterior al cierre, pese a estar anunciado, había huéspedes alojados en él tal y como se reflejaba en la fotografía de este periódico en el anterior número. Y me plantea cuál es el futuro de un edificio tan singular en medio del Vedat, porque algo habrá que hacer con él. Pasear por sus alrededores es evocar aquello que allí se ha vivido y escuchar el terrible silencio que despierta el edificio dormido es terriblemente trágico y bello. Juan José Millás comentaba en alguno de sus artículos lo terrible que resulta ver objetos que han dejado de ser útiles pero que continúan intentando serlo. En cierto modo, resulta algo parecido a entrar en la casa de un difunto, en la que la ropa sigue estando ordenada en sus armarios, las paredes siguen sosteniendo las fotos familiares en sus marcos y algunos papeles sobre la mesa informan sobre la vida de alguien, pero allí ya no hay nadie.
Algo parecido me ocurre cuando voy a las entrañas de Las Américas. Digo bien porque hay dos “Las Américas”: La del exterior, con coches cargando bolsas de Mercadona, la gente tomando sus cervezas en las cafeterías y comprando el periódico en Servip’s por un lado y los pasillos del interior de lo que quiso ser el centro comercial de Torrent y no fue. Otro amigo –el de la boda, no, otro – dice con sorna que podrían poner allí el Hospital y así mataban dos pájaros de un tiro: Daban una solución al edificio y se ahorraban costes en la construcción del Hospital.
Estuve allí hace unas semanas en la feria de los comercios – por cierto qué buena manera de poder recuperar el centro comercial, como un centro “outlet” permanente- y, de algún modo, entrar allí es algo misterioso. Veía las escaleras mecánicas que habían dejado de funcionar pero no recordaba haberlas visto con gente subiendo y cargados de bolsas. Los planos de localización de las tiendas informaban de tiendas que llevaban varios años cerradas y en los escaparates de algunos locales aún pendían carteles que animaban a comprar productos que ya no existían con ofertas que tal vez no atrajeron a nadie. Creo que lo cantaba Sabina en alguna de sus canciones que nunca escucho: “No hay peor nostalgia que la de lo que nunca sucedió”.
Ése podría ser el lema de Las Américas: Hay en su interior cosas que quisieron ser algo, pero que no llegaron a serlo.
Descansen en paz.

Un paseo por la plaza

Con la polémica que ha habido acerca de si se debía mantener el foso o cubrirlo como se ha hecho finalmente, me quedo con esta última opción, por razones más bien pragmáticas: la plaza quedará más accesible a todos y evitaremos el vandalismo que supone tener un foso abierto en un lugar tan concurrido. Puede que alguno haya puesto el grito en el cielo por haber ocultado tan valiosos vestigios históricos de nuestra ciudad – a pesar de que se ha cubierto de modo que podría descubrirse de nuevo. Sin embargo, y a la luz de esas críticas y de dónde proceden, me cuesta recordar quién gobernaba en nuestro ayuntamiento cuando la plaza se convirtió por unos días en una pecera. Quienes tengan más de veinticinco años podrán recordarlo, porque yo, entonces, era un chiquillo y tengo frescas en mi memoria aquellas imágenes en las que, lo que hasta hace unos tres o cuatro años era un jardincito, en sus orígenes fue una balsa que albergó no más de dos docenas de carpas que intentaban en vano protegerse de unos críos que se lanzaban de cabeza a esas improvisadas piscinas y bolsa en mano, capturaban a los indefensos pececillos con los que huían después corriendo por la plaza. Ignoramos quién fue el creador de aquel despropósito, que luego fue corregido vertiendo tierra y plantando naranjos, pero todos nos acordamos de él.
De modo que podremos disfrutar de las fiestas de nuestro pueblo contando con la totalidad de la plaza, aunque el pavimento definitivo aún no está instalado. Y en eso iba pensando yo esta mañana paseando por la plaza, en la gravilla que se ha compactado de cara a fiestas y en si no será contraproducente para estos días de algarabía, calor, verbenas y por qué no decirlo, algunos excesos, cuando he visto que los estandartes de las capitanías ya cuelgan de la fachada de la Torre. Y puestos a pensar he caído en la cuenta que no tiene demasiado sentido restaurar este emblemático monumento y pender de sus paredes unos carteles que sin duda, con efecto del viento y los días, acabará dejando señales de su paso por allí, como lo hacían en el pasado. ¿No sería mejor haber instalado unos mástiles portátiles y haberlos puestos a los pies de la Torre para anunciar las fiestas de moros y cristianos? Les dejo la sugerencia para el futuro.
Ya terminaba mi paseo por Torrent y me dirigía a casa cuando he visto el cartel anunciador de los conciertos de julio. Me ha llamado la atención que se anuncie en el mismo a la Pantoja que al Canto del loco, pero luego he pensado que, si bien es difícil que algún torrentino participe de ambos conciertos, por qué no tiene que haber para todos los gustos. Een esas me he enterado de que se acercan a Torrent, en plan caravana de mujeres, autobuses llegados de otras provincias para verla actuar, lo que ha obligado a cambiar la ubicación del concierto al Parc Central y poder albergar así todos los que quieran acudir. También aquí ha habido polémica con su contratación y los líos de “Pachuli” en el juzgado, pero por lo visto, parece ser que un buen número de vecinos quieren oírla, así que bienvenida la idea. Yo no iré a verla, aunque igual me acerco a ver si está Paquirrín, que me cae bien desde que salía en los programas del corazón con la camiseta del Valencia. Qué cosas.