Esto no es sostenible

Tuve la suerte el otro día de cenar con, entre otras muchas personas, Alfred Domínguez. Con su hablar pausado y sensato, mientras comentábamos la situación actual, la crisis y las polémicas nucleares, afirmaba que él creía que, a partir de esta crisis económica que estábamos padeciendo, las cosas iban a cambiar, que el modelo de consumismo exacerbado a que nos habíamos acostumbrado tocaría a su fin y que, en definitiva, la crisis nos haría darnos cuenta de lo que no habíamos hecho bien. Él lo había creido. Pero reconocía que no era así y que, después de esta etapa, volveríamos a ser como antes. Tuve que darle la razón porque lo cierto es que es la tenía. Estamos esperando remontar la crisis -tres, cuatro o cinco años- para volver al estatus al que anhelamos: mejor coche, mejor casa y si me apuran, mejor mujer y mejores hijos -que para algo ya han inventado el veneno de serpiente y el bótox, que hacen maravillas en los rostros arrugados-.
En resumen: que no hemos aprendido nada. Y lo peor es que estamos exigiendo que los gobiernos nacionales, regionales o locales solucionen la papeleta -que es su obligación, por otra parte- pero seguimos siendo incapaces de perder un ápice de nuestro progreso doméstico. A ver quién es el guapo que abandona el coche, destierra el sueño de comprarse un chalet en el Vedat o no ansía un aumento de sueldo para aumentar el consumo.
Yo no sé si ustedes se acuerdan del Rey Salomón cuando quiso construirse un palacio enorme. Lo compensó construyendo un templo ligeramente mayor para Dios. Dado que no quería que Dios se enfadase, le regalaba uno mayor a él. Este primerizo ejercicio de cinismo en la historia del hombre tiene sus ramificaciones en la actualidad. Porque mucho se nos dice acerca del cambio climático y esas gaitas, pero al final los consejos que se nos dan es que usemos energías renovables o bombillas de bajo consumo, en lugar de poner el acento en si necesitamos todo lo que tenemos. Haga la prueba: llegue a casa y actúe con normalidad. Deje pasar unos quince minutos y entonces pasee por la casa y comience a apagar electrodomésticos o luces que no necesita. O en lugar de pensar en coches híbridos, piense (pensemos) en si cada vez que lo cogemos es realmente imprescindible. El resultado es, créanme, penoso. Al menos en mi caso.
Andamos ahora en plena polémica acerca de la jubilación. Aunque soy de naturaleza perezoso y vago, no me preocupa jubilarme a los 67 porque disfruto con mi trabajo y espero que sea igual dentro de 33 años. Y aunque es lógico el planteamiento de retrasar la jubilación (los jubilados en 2010 llevarán una media de 45 años trabajados, mientras que los de mi generación para trabajar cuarenta y cinco años se jubilarían a partir de los 70) de nuevo nos quedamos en medidas supeficiales. Porque el debate de fondo no es si podemos sostener las pensiones o las prestaciones, la ley de dependencia o la Sanidad y la Eduación pública. Es si todo esto se sostendrá durante mucho tiempo igual.
Y está claro que no.

P.D. Estuve el fin de semana en Madrid y coincidí con una manifestación de izquierdas contra el capitalismo, la crisis y los bancos. Ambiente festivo y reivindicativo con multitud de proclamas. Unos jóvenes provistos de cola y carteles embadurnaban y empapelaban todas las oficinas bancarias a su paso, con mensajes del tipo "aquí empieza la crisis" o "falta Alí Babá, pero aquí están los ladrones". Cuando acababan su hazaña, se fotografiaban con el resultado y -seguramente- pensarían en los ejecutivos trufados de pasta y fumando sus puros que nos han llevado a la crisis. "Que se jodan", pensaría. Me hubiera gustado ver qué pensaba la mujer o el hombre -el currela, vamos- que haya tenido que coger la espátula y haya estado quitándolos bajo la fría mañana de la Gran Vía madrileña durante un par de horas. Qué le van a decir a él o a ella de la crisis.

No en mi patio trasero

(Publicado en el diario La Opinión)

Hay una palabra inglesa que se ha colado en nuestros periódicos a raíz de la polémica acerca de la instalación de cementerios nucleares en algunas poblaciones. Antes de referirme a ella conviene señalar la enorme incongruencia que supone que un partido como el PP defienda a nivel nacional el mantenimiento de la central nuclear de Garoña e impida que un ayuntamiento gobernado por los populares instale un cementerio nuclear o que el propio partido socialista en el gobierno propicie la creación de estos almacenes y expediente a uno de sus alcaldes por quererlo en su población. Seguiremos hablando de incongruencias más adelante para recuperar la palabra de la que hablábamos: NIMBY, que es el acrónimo de la expresión inglesa “Not In My Back Yard” lo que podría traducirse por “no en el patio trasero de mi casa” y que se viene aplicando a aquellas cuestiones, como la nuclear, que, en términos generales, hemos decidido aceptar, pero que no estamos dispuestos a tener cerca de casa. Así, a pesar de que los sucesivos gobiernos nacionales siguen apostando por la energía nuclear, los partidos regionales se oponen a que sus filiales locales opten a albergar residuos nucleares, que, dadas las maltrechas economías municipales, suponen pingües beneficios para sus convecinos. Lo mismo ocurre con otras cuestiones: queremos trenes de alta velocidad y grandes autovías, pero que no pasen por nuestro término; conviene mantener los litorales y las costas en condiciones, pero que no nos toquen el chiringuito o la urbanización de Dénia que prácticamente se cuelga sobre el mar y en la que tanto disfrutamos; nadie en su sano juicio quiere tener a unos metros de su casa un vertedero de basuras (más conocido como planta de tratamiento de residuos, ¿se imaginan el tratamiento que recibe una bolsa de basura? ¿le pondrán un gotero?) pero ni de casualidad vamos a dejar de llenar el contenedor a diario.

En nuestras calles, afortunadamente, no existe el debate acerca de la conveniencia de colocar dicho cementerio nuclear y la única discusión parecida la suscita la llegada de IKEA a Paterna y si no podríamos hacer algo para llevar a los suecos al Toll-L’Alberca. Pero sí que hay muchas situaciones en las que demostramos ser “nimby”. Fíjense si no en la polvareda que se ha levantado después de decidir el ayuntamiento que las calles Sagra y San Cristóbal sean peatonales, como, por cierto, reclamábamos en esta misma columna hace unas pocas semanas. He llegado a leer en la página web de este periódico que hay sufridos vecinos que no podrán ir en coche ¡desde la Plaza Colón a los primeros números de la Avenida! Semejante derroche de combustible no hace sino confirmarnos en nuestra opinión acerca de la peatonalización del centro histórico, a pesar de que nos pille cerca, en nuestro patio, y nos obligue a dejar de usar el coche para trayectos interurbanos innecesarios.

Porque al final todos somos un poco “nimby”: queremos proteger el Safranar, pero si tenemos tierras allí, se puede ver el símbolo del dólar en nuestros ojos; no queremos antenas de telefonía cerca de casa y del colegio, pero el móvil lo usamos para llamar a quien está en la habitación de al lado; queremos mantener el casco histórico e ir en coche a todas partes; En definitiva, vivir a todo tren, pero el coste de ese estilo de vida consumista no lo queremos en nuestro patio trasero.

Y las dos cosas no pueden ser.

El cara dura del mes

(imagen plagiada del miope)
rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, rossejat, ...
Puede parecer una chorrada, pero hay quien quiere prohibir que usemos esta palabra para definir al plato por excelencia de nuestro pueblo. ¿Que quién quiere cometer tal felonía? Pues, sencillamente alguien que ha decidido ser el más listo del pueblo y registrar la marca comercial "rossejat" y de paso amenazar a quien se atreva a utilizarla, no como marca, sino como nombre del producto de las horas de elaboración que lleva ese estupendo arroz.
Y yo me pregunto quién es tan estúpido para realizar una acción que, si o sí, va a acabar pasándole factura. Porque si tienen la razón legal para registrar ese nombre, cosa que realmente dudo, ya que un juez con un mínimo de sentido común y sensatez tendrá que tumbar esa decisión, la gente va a sentirse solidario con la afectada (no me refiero a otra que la simpar Divina de la Plaça). Y si, como es de esperar, la ley le da la razón, todo el mundo va a arroparla otra vez. Porque al final el comentario en la calle es el mismo, "és que el rossejat de Divina és dels millors del poble".
Y yo sin probarlo, porque el de mi madre no se lo salta nadie.
Al final uno no sabe si en este mundo faltan escrúpulos o sobran estúpidos.

Estampas de Navidad

(Publicado en La Opinión)

¿Qué tendrá la Navidad que es capaz de sacar lo mejor y lo peor de nosotros? Observemos la transformación de nuestra población en el Doctor Jekyll y Mister Hyde:

Un día cualquiera previo a la Navidad unas mujeres realizan afanosamente la compra en un conocidísimo supermercado valenciano, situado en la arteria principal de la ciudad (glorioso eufemismo para evitar pronunciar su nombre actual). Todas esperan su turno y comentan amistosamente el menú que van a preparar para Nochebuena mientras saludan efusivamente a las cajeras que sonríen con dulzura y acarician la cabecita de sus nietos que intentan torpemente colocar los productos en el lineal para ayudar a su abuela. Días más tarde esos mismos niños son llevados por sus abuelos al Belén con mayúsculas de este pueblo, que no es otro que el de la familia Royo en la plaza de Sant Roc. Allí los niños, embelesados, buscan con fruición todo aquello que Pepe les propone. Mientras tanto las instituciones municipales y las asociaciones de todo tipo han visitado a mayores y enfermos, han ayudado a los reyes a llegar hasta las casas más humildes o han cantado villancicos en el ficus la Noche de Navidad.

Estas escenas tan entrañables, casi bucólicas, no están extraídas de ninguna fábula navideña ni de la pluma de Charles Dickens, sino que forman parte del paisaje que nos encontramos en cualquiera de nuestras calles. Pero también son el preludio de la transformación que padecemos sólo unos días después. Fíjense en lo que viene a continuación:

Recién inauguradas las calles Sagra y San Cristóbal se colocan en ellas unos modernos maceteros en los que se plantan las típicas flores de Pascua. Dichas flores, que pueden comprarse por un par de euros en cualquier tienda, ofrecen un aspecto muy navideño al entorno y alimentan la picaresca de algunos de nuestros vecinos. “¿Por qué voy a gastarme cinco o seis euros en las plantas si puedo arrancarlas de sus maceteros y llevármelas a mi casa?. De esta manera así sólo yo podré disfrutarlas y no todos los torrentinos que pasen por aquí”. Ésos deben ser los pensamientos de aquellos miserables que deciden tomar prestadas las plantitas y arrancarlas de sus maceteros. Digo yo si no habrá que ser miserable o si el hombre puede llegar a caer más bajo.

Y lo cierto es que sí, porque, llegando al final de las fiestas navideñas y mientras los niños se apiñan en la Avenida para ver la llegada de sus majestades de Oriente, contemplamos la gran escena que ni el propio Berlanga podría haber retratado mejor. Decenas, qué digo decenas, centenares de personas que se agolpan en torno a las carrozas reales a las que acompañan en su bajada por la Avenida y que atropellan literalmente a la paciente muchedumbre que ha aguantado estoicamente bajo una pertinaz lluvia el paso de Melchor, Gaspar y Baltasar. Total por unos míseros caramelos –eso sí, aptos para celíacos– , unos paquetes de gusanitos y algún juguetito de plástico. Supongo que en sus duros corazones es preferible pisar a una niña de cuatro años y pegarle un codazo a un anciano que intenta sin éxito huir de tal marea humana a perder el rastro de tamaños obsequios que a buen seguro acabarán en un par de días en el contenedor.

Y eso sin pasar una guerra y el racionamiento, que habría que verlos entonces.

Año nuevo, vida vieja

El año nuevo nos trae dos noticias en la blogosfera local. La primera, una grande y esperada, al menos en mi caso, es el retorno de José Luis Arnal en su blog Torrent desde mi pantalla. Espero que en esta ocasión su reaparición no se quede en unas esporádicas intervenciones y que se alargue en el tiempo, porque su blog es de obligada lectura en Torrent. No creo que haya ninguno más imparcial y objetivo que él, aunque uno pueda coincidir o no con sus planteamientos. Bienvenido de nuevo.
El otro, destapado por el sesudo empeño de los miembros del Bloc es la investigación a cuenta de las facturas y los pagos a cierta empresa de cuyo nombre prefiero no acordarme.
No puedo entrar -y la verdad es que prefiero no hacerlo- en si ha habido alguna irregularidad en la contratación y facturación de esa empresa y si su dueño estaba al día con la Agencia Tributaria como lo estamos la mayoría de los españoles. Digo que no puedo porque sencillamente ignoro cuáles son los contratos firmados, qué se contrataba, qué se pagaba y dónde están las facturas. Pero sé que Sento Beguer no es tonto y si ha investigado el tema y lo ha llevado hasta el tribunal de cuentas, razón no le faltará.
Diré, como anécdota, que cuando este hombre hizo su aparición en Torrent se vendía como el ariete con que el PP iba a derribar de la alcaldía al PSOE. Le he leído despotricar contra Ros y Breso en la campaña de 2003 y por otra parte insultar a Soria con seudónimos bastante ridículos. Incluso, cuando en 2007, antes de empezar su súper-cruzada contra el BLOC y el PP, escribí una carta al director a su periódico criticando su línea editorial, me dedicó varías líneas contestándome -nunca creí merecer tal honor, ¿se imaginan al director de un diario contestando a todos sus lectores?-. Y recordemos que hasta el 2006 todos los partidos tenían su columna periódica e incluso José Luis Arnal llegó a colaborar con él. Quiero decir con todo esto que al "monstruo" lo criamos entre todos y lo fuimos alimentando hasta que ya no cupo en la jaula y se escapó.
¡Qué grandísimo error cometió!. Porque de haber mantenido su neutralidad hubiera seguido siendo la referencia en internet de Torrent, con el consiguiente beneficio económico que le hubiera supuesto en propaganda y patrocionios de empresas. Pero decidió ir a caballo ganador, y como es conocida su reputada fama de gafe, le salió el tiro por la culata y redobló sus esfuerzos por insultar y menospreciar a los concejales del PP y del BLOC con algún intento también por dirigir las asambleas locales del PSPV. De ahí a querer censurar blogs personales, cual ministra Sinde, no pasaron más que unos días. Y finalmente sus amenazas, sus insultos, sus fobias, sus censuras y sus chorradas se fueron diluyendo como un azucarillo. Algunos ansiábamos el regreso de las páginas porno que llevaban el nombre de nuestra ciudad por todo el mundo, pero nos quedamos con las ganas.
Pero ése no es el quid de la cuestión, porque cuando empezó su particular batalla contra Beguer y el PP,allá por el 2006, sólo un partido y el propio equipo de gobierno pareció querer protegerlo con su propaganda, amén de la connivencia de UV y alguno de sus prebostes. Y si aquí ha hecho su aparición el dinero público, lo más correcto es dar explicaciones. Y de darlas deberían hacerlo los dos implicados: El empresario contratado y el equipo de gobierno que lo contrató. Lo demás son chorradas, excusas y ganas de liar la perdiz.
Ya lo dijimos hace unos meses, cuando amenazó con irse y parece que algún comentario en algún blog le animó a no hacerlo: Siéntate a la puerta de tu casa a ver el cadáver de tu enemigo pasar por delante. ¿Y de los concejales con blog propio que le han reído las gracias hasta la extenuación? No saben/no contestan. Y eso cuando no tiran balones fuera, como hacía aquel mediocentro que tuvo el Valencia a finales de los 80, ¿se acuerdan de Tomás?

Monleón


Ayer por la tarde fui a la exposición de Sorolla en Bancaja. Llevaba mucho tiempo queriendo ir, pero algo siempre me ponía trabas. Finalmente reservé por internet las entradas y allá que nos presentamos con unos amigos. Sorolla es un artista denostado por muchos críticos que lo consideran barroquista o populista. Sin embargo a mí me entusiasma su capacidad para advertir el detalle de lo cotidiano, dejando a un lado cuestiones más pictóricas como la luz, el impresionismo o el tenebrismo, que se me escapan por no disponer de una suficiente base cultural-artística para apreciarlo.
Al salir de la exposición no podía dejar de pensar en la Valencia (y la España completa) que retrató para la Hispanic Society y en la de ahora. Anduvimos paseando por la calle de la Paz, San Vicente y el Ayuntamiento para dar cumplida cuenta de una cena en un afamado restaurante americano. Hasta llegar ahí pasamos por dos Starbucks (café aguado en vaso de papel) y varios salones de café franquiciados (empleados desmotivados, infrapagados y público poco exigente). Pocos bares al uso -de los de calamares y cerveza-. Ambiente navideño plagado de luces, papásnoeles y compras.





Y mientras tanto moría Joan Monleón.



Qué raro se ha vuelto todo.

Cambio de década


Yo pensaba, en mi beatífica tranquilidad navideña, que lo del cambio de década/siglo/milenio ya quedó claro en el año 2001. ¿Recuerdan la polémica entre el año 2000 y el 2001 felizmente resuelta por los matemáticos? La explicación era meridiana: si comenzamos a contar desde el 1, la decena es del 1 al 10, la centena del 1 al 100 y así sucesivamente, de modo que el tercer milenio comenzaba el 1 de enero de 2001 y no del 2000 como afirmaban algunos precocísimos agoreros.
Pues no. Ya hemos visto en televisión y en prensa reportajes sobre los acontecimientos más relevantes de la primera década del siglo XXI. Seguramente el año que viene no ocurrirá nada de especial trascendencia, pues deliberadamente ya lo han obviado. Aunque a lo mejor es un truco para vendernos dos veces lo mismo: El mismo reportaje que corone el año 2009 lo editan un poco y añaden algo para que cierre el 2010, ahora sí, verdadero final de una década. Creo que ocurre lo mismo con Papá Noel y los reyes magos. Me da la sensación de que hasta el 24 todos se han vuelto de un laicismo que tira para atrás de rancio y se abrazan al orondo colorado vestido de pijama de franela. Es llegar el 25 y la publicidad e incluso el Corte Inglés se convierten a la abolenga moda monárquica de escribir la tradicional carta a los Reyes Magos. Así venden dos veces.
Y la gran duda de este mundo sin resolver: ¿Gaspar es el de barba blanca o el pelirrojo?

firmas, firmas, firmas


(Publicado en el diario La Opinión)
Nos acercamos al final del año y es un buen momento de hacer balance de lo ocurrido en nuestras calles durante los últimos meses. Si les parece podemos recordar algunas de las que a mí, personalmente, más me han chocado: Hace unos meses la oposición socialista presentaba su celebérrima recogida de firmas en las que reclamaba que el ayuntamiento nos bajase el IBI a los sufridos vecinos en esta época de penurias y dificultades económicas. Si no recuerdo mal fueron unas cinco mil firmas que no son moco de pavo. No creo que muchas iniciativas susciten tanto interés como esta. Como quiera que el gobierno municipal ha tenido a bien bajarnos la contribución, cabe plantearse si la intervención del PSOE local ha sido decisiva en esta decisión o si simplemente se ha tratado de un producto del azar o de una conjunción interplanetaria de esas que le gustan a la siempre inefable Leyre Pajín. La labor de astrología socialista era una desconocida en esos lares, pero no habría que desdeñarla: quién sabe si su poder no podrá alcanzar cotas mayores y conseguir, por ejemplo, que el propio Obama y Zapatero unan sus fuerzas y contraten a los Lunnis para acabar con el cambio climático.
Así que puestos a pedir firmas, que se animen e instalen nuevas mesas petitorias en nuestras calles, que falta nos hace en algunos casos. ¿Quién no ha comprobado con una mueca de desagrado que lo que pagaba de un recibo de la luz en dos meses el año pasado lo paga ahora en una única mensualidad? A eso, hasta donde llegan mis sufridos conocimientos matemáticos, se le llama una subida del 100%, y lo demás son tonterías. Díganme dónde hay que firmar para que esa salvaje subida se revierta que yo quiero hacerlo, porque en mi caso son cerca de cuatrocientos euros más al año. Tenga en cuenta añadirle la parte correspondiente si usted usa calefacción y agua caliente con energía eléctrica. Y ya puestos a pedir rebajas de impuestos, que instalen otra en la recién bautizada Avenida al Vedat para solicitar que no se aplique el aumento del I.V.A. , que le va a costar a usted en el próximo año entre mil y mil quinientos euros más, de modo que, sin beberlo ni comerlo, usted puede pagar dos mil euros más al año sólo gracias a la luz y al IVA. E incluso, ¿por qué no firmar para que se prohíba por ley la subida del euríbor?, ¿Qué tal obligar al Estado a que toque, de una vez por todas, el gordo de la Lotería en Torrent? (¿alguien aún recuerda cuándo cayó?), ¿por qué no establecer por ley que Torrent tenga un equipo de fútbol en primera división?.
No hay que despreciar el poder que tienen unas buenas firmas. Si han conseguido que usted se ahorre unas decenas de euros al año con el IBI, ¿por qué no conseguirán que se ahorre unos miles o que se cumplan los sueños de una gran parte de nuestros vecinos? Firme, firme, firme, que es muy poco lo que le cuesta y mucho lo que se ahorra. Eso, sí, esta vez que tengan cuidado y comprueben la identidad de todos los que lo hacen, no sea que se les vuelva a colar algún gazapo.
Y eso, sí: Feliz Navidad y próspero año nuevo

Recuperemos la calle

(Publicado en La Opinión de Torrent)
Hace unas semanas celebrábamos el aniversario de la Carta Pobla de Torrent. Ya son casi ocho siglos de historia y desde entonces la ciudad ha ido creciendo, no siempre de forma ordenada, hasta dar paso a lo que, para bien y para mal, hoy conocemos como Torrent. Para bien y para mal porque si nos fijamos en el último medio siglo, podemos observar verdaderas tropelías, como la construcción de algunos edificios en el entorno de la Torre a la cual casi superan en altura, o la urbanización de barrios enteros en el ensanche sin contar con espacios públicos, plazas de aparcamiento o instalaciones educativas, culturales y deportivas. No se trata aquí de echar la culpa a nadie, pero la redacción de los últimos planes generales ha dejado mucho que desear, por más que algunos enarbolen ahora la bandera del urbanismo sostenible –ése que ganaba premios en los últimos años, pero que hasta hace poco era digno de ser quemado en la plaza pública – y aquellas lluvias traen estos lodos.
Sin embargo siempre estamos a tiempo de cambiar algunas cosas. Por ejemplo, alguien en los sesenta, con el desarrollo económico y el auge del 600, no pensó que en unos pocos años, cada familia tendría un coche, cuando no dos o tres. Así que nadie prestó atención a que esos coches, cuyo tamaño hoy multiplica por dos o por tres el de aquellos trastos, necesitarían espacio para circular y ser guardados. Llegó la democracia y tampoco fue éste un tema capital. De este modo los coches fueron ocupando la calle y cualquier espacio digno de ser considerado como aparcamiento, hasta encontrarnos con lo que tenemos hoy. Digámoslo claramente: hay calles y barrios enteros que tiran hacia atrás de feos que son y fundamentalmente esa fealdad la provocan los coches aparcados o circulando en masa. ¿Acaso a usted le gusta ver la Plaza San Pascual convertida en un párking? A mí, desde luego, no.
Decíamos que siempre estamos a tiempo de cambiar estas cosas. Ahora que las calles Sagra y San Cristóbal han sido remodeladas gracias al nunca bien ponderado plan E, surge el debate acerca de si merece la pena mantenerlas peatonales o devolvérselas al rugido de los motores. Alguien me sugería que son dos calles que necesitan estar abiertas al tránsito, porque conectan el casco histórico con el centro de la ciudad y es cierto. Pero no es menos cierto que hemos estado evitándolas durante seis meses y nuestra vida no se ha venido abajo. Otro recuerda que en esas calles es necesario que entren coches a los garajes de los vecinos y furgonetas de reparto. Sin embargo, existen fórmulas que permiten el uso peatonal con los aparcamientos y la carga y descarga. Por último, hay quien afirma que los coches dan vida a los comercios y yo ahí discrepo: una calle por la que no puedes pasear debido a que has de ir sorteando los coches es una calle de la que yo, al menos, huyo para comprar.
Ignoro si el debate se produce más allá de una charla al calor de un café en la plaza (¿se han dado cuenta cómo se ha dinamizado la hostelería en la plaza en los últimos años?), pero me parece de una gran trascendencia. Yo, incluso, iría más allá. Haría peatonal cualquier calle cuya acera no supere el metro y medio de ancho. La calle, para los ciudadanos. El coche, aparcado está mejor. Para eso pedimos carriles bici, metros y autobuses. ¿O es que queremos que sigan pasando vacíos?

Gent de torrent


Si les confieso una cosa, la verdad es que siempre he sentido cierta mezcla de admiración y envidia por otras poblaciones de nuestra región/comunidad/país (no se vaya a enfadar nadie, que la gente anda con muchas susceptibilidades últimamente). De algunas de ellas envidiaba su legado cultural, artístico e histórico, como es el caso de Xàtiva o Gandía. Fíjense si no podríamos presumir de tener entre nuestros ilustres antepasados a los Borja (papas, nobles y santos fueron Borja o “Borgia” para los cursis iletrados). De otras recelaba su patrimonio festivo como Alcoi y sus fiestas de moros y cristianos o incluso las fallas de Burriana y la Semana Santa de Alzira. Las había de las que me llamaba poderosamente la atención su cultura mediterránea y marina, como Dénia , Peñíscola y Vinarós, o su pasado esplendoroso en las civilizaciones griega o ibera, como Elche, y romana, como Sagunto. Finalmente otras me causaban una gran impresión por su conjunto arquitectónico como Morella o su enclave estratégico entre Castilla y Valencia, como Requena. También añoraba que no fuésemos la cuna de un Ausiàs March, Joanot Martorell, Teodor Llorente, Blasco-Ibáñez o Joan Fuster. Y siempre pensé que, si bien éramos un pueblo con una idiosincrasia bastante definida a lo largo de los siglos, nos hubiera ido mejor como sociedad civil si en lugar de tener Valencia a tiro de piedra, el cap i casal estuviera a más de media hora de aquí.

Porque creo que el peso de Valencia en Torrent es notable, pero para mal. Estoy casi convencido de que muchas manifestaciones culturas y tradicionales de nuestro pueblo tendrían mucha más repercusión si estuviésemos en otra comarca más alejada de ella. Ya hemos destacado en alguna ocasión que tenemos un patrimonio cultural que merece la pena ser señalado, pero que se solapa en muchas ocasiones con otras más cercanas. Creo que en gran medida, es la razón por la cual carecemos en Torrent de un tejido social y cultural más fuerte y con mayor peso en nuestra población. Véase, por ejemplo, que las grandes cadenas de radio tienen frecuencias en muchas de las poblaciones anteriormente citadas. Aquí, el último intento de cierto éxito fue devorado por Vocento que se llevó la licencia a Valencia. Del resto, mejor ni hablamos. Nos hemos pasado demasiado tiempo mirándonos el ombligo y esperando que otros hagan lo que podríamos haber hecho perfectamente nosotros.

De ahí que me parezca de una gran importancia la creación de los premios Carta Pobla, por dos motivos. El primero, porque es fundamental crear una conciencia identitaria de pueblo, rescatando la fecha del 28 de noviembre como día de Torrent. Estoy seguro de que no habrá muchos ciudades que puedan presumir de tener casi ocho siglos de historia. Y el segundo, porque es de un gran acierto destacar la labor de torrentinos de todos los ámbitos que llevan el nombre de nuestra población por todas partes y hacen de esta ciudad una ciudad de la que nos podamos sentir orgullosos. Así que permítanme que desde estas líneas felicite a los premiados en esta primera edición. Ellos están ayudando a romper muchos tópicos que aún sigue uno escuchando cuando se identifica como torrentino allá donde va. En definitiva ayudan a que Torrent ocupe el lugar que se merece en nuestra sociedad.

Felicidades a todos: a los premiados, por su labor y el galardón obtenido. Y a los que nos sentimos torrentinos, hayamos nacido aquí o no, porque hoy también es nuestro cumpleaños